viernes, 23 de agosto de 2013

"Los judíos del mar dulce" De lo particular a lo universal en un mar de irreverencia



        En esta oportunidad tengo en mi blog a una invitada especial, 
quien ha escrito una  reseña de mi novela Los judíos del mar dulce 
en su segunda edición, corregida y ampliada. 
        Sin más, cedo la palabra a  Daniela Goldfine



En 1971 Mario Szichman publicó la primera versión de Los judíos del Mar Dulce. Le seguiría La verdadera crónica falsa en 1972 y A las 20:25, la Señora entro en la inmortalidad en 1981. Esta trilogía observa a la familia Pechof en sus desventuras por una Argentina desbordada de peronismo y estancada en los devenires de la salud de la primera dama, Eva Perón. Tanto en la primera versión de Los judíos del Mar Dulce, como en la segunda que acaba de salir en forma de ebook[1], Szichman encuentra en la particular familia Pechof la forma de relatar la historia universal del inmigrante en una Argentina de aparente ficción (las situaciones reales alrededor del fallecimiento Evita no llaman la atención frente a las situaciones inventadas por el autor).
Uno de los mayores logros de Szichman es atenerse cuasi fielmente[2] a las vicisitudes de las familias judías de Europa del este, las cuales logran escapar los pogroms y la Segunda Guerra Mundial para encontrar otro tipo de hostilidad en este país sudamericano. El autor no emplea la crítica burda ni la queja: es la irreverencia hacia lo supuestamente intocable lo que distingue su escritura. A nivel nacional se distinguen las instituciones gubernamentales, la política en general y los vaivenes económicos. A nivel familiar se exhiben las pequeñas bajezas entre hermanos, las trampas para sobrevivir con bajos ingresos y una total desfachatez para describir (parte de) la comunidad judía argentina.[3] Sin embargo, esta familia (idish aparte) podría formar parte de cualquier otra comunidad, ya que los reclamos, la culpa y la soberbia escena durante un casamiento se reflejarían en familias de todo tipo de origen. Así también es como las inestabilidades político-económicas argentinas podrían pertenecer a cualquier país latinoamericano. Aquí radica la vigencia de Los judíos del Mar Dulce.
Los cuarenta y dos años que han transcurrido entre ambas ediciones muestran que no ha habido cambios drásticos en la esencia del país ya que, a pesar de cambios de índole socio-político, los argentinos siguen sorteando la ruleta económica día tras día.
Al comenzar la novela, Szichman cita a Albert Memmi: “Yo era un mestizo de la colonización, que entendía a todos, porque no era totalmente de nadie.” Esa idea de mestizaje–que luego fue retomada por Ricardo Feierstein con su novela Mestizo (1988) — es justamente el espacio necesario para moverse con libertad entre dos culturas y poder apreciar y desmenuzar lo que compone al ser argentino, al ser judío y al ser judeo-argentino. Szichman utiliza a Salmen, Jaime, Natalio, Dora e Itzik (los hermanos Pechof) como arquetipos donde depositar lo más desopilante, ingenuo, malicioso y tierno de las características humanas. La constante contradicción entre lo que se sucede dentro y fuera del hogar de los Pechof es motor de las frustraciones de los protagonistas:
Y pese a todo, Natalio quería hacerse amigo de los Beléndez, jugar con ellos y hacerles favores. Soñaba con tener algún accidente raro y prestigioso, o algún tío militar. Al desprecio contestaba con el acatamiento y transfería el odio que le tenían los goym a sus propios parientes, detestándolos por su inseguridad, porque tenían caras blandas y dientes torcidos, porque al sonreír mostraban las coro­nas de oro, por sus cuerpos barrigones, porque hablaban en público en un idioma carente del prestigio del inglés o el francés, o porque leían en el colectivo el Idische Tzaitung[4]cada una de cuyas letras parecían denunciar la grafología del ser judío. (158)
 Lo más provocador de los Pechof es su capacidad para adaptarse sin dejar de cuestionar tanto su origen como su destino: su judaísmo intrínseco se une a su argentinidad en formación, pero ninguna parte de su identidad queda fuera de su crítica implacable (crítica que Szichman convierte en una reflexión con dejos de ironía). Un ejemplo:
 Tal vez en una época había estado de moda ser judío, como durante la existencia de Cristo, pensó Natalio. Pero ni siquiera en esa época los judíos querían ser judíos. ¿Acaso Jesús y los doce apóstoles no habían fundado una religión exclusivamente para dejar de ser judíos? Y eso podía verse en cualquier siglo de la historia. La ambición de los judíos era querer ser siempre otra cosa, una especie de proto-argentinos. (224-225)
 Afortunadamente la nueva edición de Los judíos del Mar Dulce mantiene la esencia de la primera edición y los cambios son bienvenidos. Hay más de cien páginas nuevas y un homenaje al Uruguay en forma de incursión de tres de los hermanos Pechof (exiliados por un tiempo por su propia hermana). La forma en la que el autor decide retratar el tiempo de los Pechof en Uruguay convierte a este país en no sólo lo opuesto a una Argentina—Buenos Aires sería más preciso—caótica, injusta y neurótica, sino que esas páginas se convierten en un verdadero cumplido a Uruguay y a sus habitantes. Los Pechof (fieles a su estilo de adaptación) sienten el cambio de ritmo y disfrutan de su exilio forzado, y la inclusión de esta parte del relato se convierte en un hallazgo tanto para el primerizo en esta incursión novelesca como para el que ha leído las dos ediciones.
Finalmente llama a la reflexión la idea de la fusión de historias humanas, así como de trazos de la historia mundial, todo siempre bajo la mirada irreverente del autor. ¿Los personajes son judíos? Sí. ¿Viven en la Argentina? Sí. Sin embargo—y quizás por ello—el lector logra verse reflejado en esta familia como lo hiciera alguna vez en Esperando a la carroza[5]: el absurdo busca concienzudamente retratar una realidad errática y complicada y en el proceso nos sorprende identificándonos un poco más de los que nos hubiera gustado. Es este enredo de sensaciones y paralelos que se explica en esta frase: “La historia aparecía indecisa en los momentos en que habían sido sacadas esas fotos, y cualquiera podía llegar a ser importante”. (67). Aunque en un contexto diferente del que demarca esta línea, es esta capacidad de poner al mismo nivel a un miembro de la familia Pechof y a una figura como Eva Perón lo que sobresale en esta novela. Si los judíos se habían mantenido al margen de la historia nacional argentina hasta 1971, Szichman logra colocarlos de un plumazo en el mismo centro. Es con esta edición del 2013 que se terminan de limar las asperezas de aquella edición y vuelve a salir a la luz esta joya de la literatura argentina y, claro, universal.



Daniela Goldfine es estudiante de doctorado en la Universidad de Minnesota en el Departamento de Español y Portugués. Su enfoque investigativo se centra en la producción cultural judeo-argentina contemporánea y la representación de la memoria, la identidad y el exilio en la literatura, film y las artes plásticas. Ha presentado en diversos congresos sobre estos temas y ha publicado artículos en Ámbitos Feministas, Utah Foreign Language Review y Mathal/Mashal Journal of Islamic and Judaic Multidisciplinary Studies, entre otros.








[1] La novela circula como ebook en Amazon.com, Sony Reader, KoboBooks.com y Barnes and Noble.
[2] Mario Szichman reconoce que perdió algunas amistades por retratar a sus familias demasiado cercanas a la realidad.
[3] El uso de idish (presente en las dos ediciones) es más fácil de seguir en esta segunda edición, ya que las explicaciones se encuentran a pie de página y no en una sección al final del libro como en la edición de 1971.
[4] Diario judío.
[5] Película argentina de Alejandro Doria estrenada en 1985 e inspirada en la obra de teatro del uruguayo Jacobo Langsner. Fue protagonizada por Antonio Gasalla, Enrique Pinti, China Zorrilla, Luis Brandoni y Betiana Blum, entre otros.

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