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miércoles, 30 de diciembre de 2015

"La Región Vacía" de Mario Szichman, discurso estético de un hecho trascendente


La doctora  Alexis del C. Rojas Paredes, profesora de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, Núcleo Valera, Venezuela escribió el excelente trabajo sobre mi novela La región vacía que pueden leer a continuación:



     


“La vida brota y transcurre atravesada por dos
  fuerzas contradictorias: la de la preservación,
                               y la del abismo de la muerte”.

Víctor Bravo


En su deslumbrante uso del lenguaje como enlace  subjetivo de la narración,  en esa interconexión entre lenguaje y mundo, llamado  los  juegos del lenguaje   por   Wittgenstein, donde “sólo es posible imaginar combinaciones no existentes de elementos existentes(1968:60), Mario Szichman recrea, en su última novela,  La Región Vacía (2014, Madrid: Verbum), obra que tiene como referente existencial la tragedia que sacudió de manera nefasta a Nueva York, y al mundo, el 11 de septiembre de 2001. Hecho trascendente de carácter dramático, que el escritor, con excelente madurez narrativa, transfigura en un hecho discursivo sugestivo, fundado en la confluencia de historias, las cuales, desde la intimidad de los personajes, revelan  experiencias vividas y relaciones de significación. Szichman entreteje diversas individualidades que despuntan la intersubjetividad del discurso estético, connotando, entre sus posibilidades interpretativas, sentidos que se mueven entre la conmoción y la contemplación, erigidos desde la sensibilidad artística que reproduce espléndidamente en sus personajes.
Bajo esta mirada, el autor reconstruye y resignifica la historia discursiva en la cual el curso de los acontecimientos  y el entrecruzamiento de variados sucesos  y escenarios estructuran una isotopía narrativa, simbolizada, sin duda,  en los  collages de Marcia. Las realidades cotidianas de los protagonistas: Marcia y Jeremiah, a quienes distancia, pero a su vez acerca, la tragedia producto de la postura y los propósitos de los líderes adversarios: Osama bin Laden y George Bush.  Las alertas de seguridad  del ex funcionario del FBI cinceladas desde el encubrimiento, la incertidumbre y lo impredecible en tres marcas temporales, se pone de manifiesto en la representación de niveles perceptivos e imaginativos que deslumbran a partir del tono del lenguaje, el matiz reflexivo y la experiencia  placentera.
En esta confluencia de historias narrativas que arman el collage de la obra, el autor reconstruye de forma intercalada y con minuciosa descripción,  el encubrimiento del  plan terrorista de Osama bin Laden al este de Afganistán,  las estadías, intercambio de información  y  desplazamiento de los miembros de Al Qaida, “Viajaban en sus cuerpos, pero ya estaban escindidos de ellos. No tenían pensamientos trascendentes. La idea de inmolación había cedido paso a las tareas burocráticas que debían cumplir…” (Szichman, 54); fines que logran superando misteriosamente todos  los controles de seguridad en  los aeropuertos. Se trataba de sujetos  a quienes hacía actuar:

 “Una furia incubada  en siglos de frustración, apaciguada en cinco rezos diarios, propulsada por la injusticia, atenuada por escasos momentos de ternura y espoleada por la aflicción, por la eterna aflicción”, que “movería edificios enormes, y los disiparía hasta sus cimientos. Sus vidas se disolverían en un instante sin dolor, como si nunca hubieran existido”. (62).

Todo ello en medio de la normal cotidianeidad de la existencia neoyorquina, de la impensable destrucción del World Trade Center, y en un día de trabajo educativo del Presidente George  Bush. No obstante, es significativo destacar  cómo el narrador,  a través del personaje Patrick Cassidy,  exfuncionario del FBI  y luego Jefe de seguridad de buena parte de las torres gemelas, instaura  referencias que enmarcan la catástrofe como los “vaticinios” fundados  por el personaje sobre los planes de Al-Qaida, los cuales eran desestimados por los jefes; así como la “legendaria vulnerabilidad” y las “fallas estructurales” de construcción reiteradamente divulgadas: “Una arquitecta había dicho en el New York Times que podían convertirse en las lápidas más gigantescas del mundo” (130), actos evasivos  que llevan al lamentable infortunio.
Este hecho, de indudable conmoción, dado a los estados de afectación  individual y colectivo, visto desde el mismo instante de la tragedia y de los momentos sucesivos  del impacto del primer avión de American Airlines, y luego el segundo, provoca la perplejidad  e incertidumbre, tanto en las personas que están dentro de las torres gemelas, como en familiares y colectividad en general, llegando a representar momentos de vértigo signados, en primer lugar,  por la progresión de marcas temporales definitorias  –víspera, el amanecer del 11 de septiembre de 2001 a las  4:00 am; traslado hacia el aeropuerto, 8:00 am;  el primer ataque, 8:46 am; el  segundo a las 9:03 am- y en segundo lugar, por cada evento impredecible y las consecuencias  de los instantes posteriores; atravesados en un discurso narrativo  cargado de mucha expectación, sin llegar a  imprimir el sello dramático que desencadenó la crueldad de los acontecimientos o victimización del hecho histórico social como tal.
En este orden interpretativo, podemos apreciar  el comportamiento y los estados emotivos de Marcia, madre de dos ejecutivos que mueren  dentro de la Torre Norte,  personaje protagónico, quien a través de la comunicación  telefónica con sus hijos, a la par de las imágenes televisivas de CNN, revela la marcha de la tragedia,  en el curso de los acontecimientos,  las sensaciones vividas de angustia y confusión: “funcionaba como en sus collages. No había continuidad. Trataba de ir reajustándose a la novedad.” (147). Todo se torna en incertidumbre  y finalmente en desolación. Marcia:

 Tras la muerte de sus hijo afrontó el duelo…Se sentía incómoda en ese mundo de deudos y de víctimas donde nadie decía la verdad. (…) buscaba algún tipo de racionalidad. Odiaba las palabras imprecisas, los golpes en el pecho, la idea de que un cataclismo se había abatido sobre Nueva York,… La aterraba pensar que mataban  simplemente por el placer de matar (…) Marcia decidió finalmente abandonar la congoja colectiva. Al menos en su soledad estaba ausente la mentira”. (68-69)

El personaje enfrenta su aflicción y vacío terrenal/ espiritual en la búsqueda constante de un aliento de vida que le permita  recobrar la contradictoria preservación  de sus hijos.
En el transcurrir de este  paralelismo  muerte, vacío y aflicción, la trama narrativa entrecruza  los personajes protagónicos Marcia y  Jeremiah,  periodista responsable de reportar las infaustas consecuencias  del atentado de las torres gemelas, en escenas progresivas de encuentros y desencuentros, que nos muestran diversas singularidades de vida, de relaciones de significación,  sobre experiencias, conceptos, que evidencian , pero también despiertan deseos e intenciones “Venga vamos a protegernos –le dijo Jeremiah (…) He decidido que a partir de este momento, mi tarea es protegerla, hacerla feliz y llevarla a la cama” (80-81). Por lo que en medio de episodios de aflicción se introduce una serie de elementos isotópicos que  perfilan un estado de contemplación en  los protagonistas, tanto de las condiciones físicas como de  los objetos de realización profesional y de los diálogos intersubjetivos.
Es importante referir, aquí, que la noción de contemplación más allá de su concepción como conocimiento y unión con Dios  recogido por los postulados místicos,  se percibe en un sentido amplio  como una mirada que emana placer, como la aproximación que se genera  entre el sujeto-sujeto y el sujeto-objeto, producto de la observación atenta,  valorativa y reflexiva del encuentro o  de la realidad observada; es decir una contemplación por el otro y lo otro.
Entre las diversas definiciones de la contemplación, cabe mencionar la de Manuel Belda, Profesor de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma), quien señala que el significado original del término «contemplar» encierra un triple contenido: a) se trata de mirar, pero de un mirar con atención, con interés, que involucra la dimensión afectiva de la persona; b) dicho interés procede del valor o calidad que posee la realidad contemplada; y c) este mirar comporta una presencia o inmediatez de dicha realidad. En este sentido, se puede decir que la capacidad de  contemplar demanda estimación de algo que va  más allá de lo observado,  lo que hay al otro lado del límite.
A la luz de esta noción de contemplación se desnuda la intimidad de la vida afectiva y condición humana de los protagonistas, en un acercamiento  de aparente contradicciones  que a lo largo de sus andanzas se reconvierten:

Ahora no tiene la mirada de un pescado – dijo Marcia observando a Jeremiah.
-Le queda muy bien el cabello mojado. Debe ser muy bella al salir de la ducha (…)
–No usted no es un pescado. Usted es un extraterrestre. ¿Por qué me mira así?” (80-81).

De igual modo,  la  atención e interés hacia los objetos como el deslumbrante bolígrafo de Jeremiah, por ejemplo,  la observación analítica e indecible sobre los collages de Marcia, los diálogos enjuiciadores sobre sus experiencias de vida: agonía y muerte de la esposa de Jeremiah, los amantes de Marcia y la vida de sus hijos; constituyen actos de sensibilidad humana, con mirada valorativa  y reflexiva,  vistos inclusive en un comportamiento  de fines contradictorios de Osama bin Laden:

 Cuando regresó del baño, observó a Amal al-Sada, su esposa más joven. Estaba amamantando a su hijo…Él se sentía en sus brazos como si fuera un niño, la amaba con ternura. (…)Sabía que nunca podía volver a vivir como un ser humano normal…Estaba destinado a morir en la Región Vacía. (86-87)

Estas escenas que marcan sentidos de contemplación, entre otras, se dimensionan  al final de la novela, cuando  los protagonistas parecieran  entender los conflictos de sus vidas, al reconocerse uno en el otro, al apostar a una nueva forma vida signada por el misticismo, la compasión y  la esperanza; representada en un primera instancia por el deseo inalcanzable de Marcia de  volver a ver a sus hijos por última vez, y en la búsqueda afanosa de Jeremiah por satisfacerla. Para ello, ambos intentan su fin, Marcia en la elaboración del collage con las fotografías de la infancia  de sus hijos y Jeremiah en una búsqueda milagrosa para responder a  lo prometido. Cito en extenso:

Observó el collage. Lo más difícil para Marcia había sido conseguir las fotos donde sus hijos se sonreían mutuamente mientras saltaban del muelle en Lake George (…) Estaban elegantes, como si antes de saltar se hubieran mirado al espejo y dado un toque a las corbatas…Como trasfondo no estaba la torre desde la cual habían saltado, sino las montañas Adirondacks. Era una de las transgresiones que Marcia había cometido en el collage. Tuvo que pintar gama verde en las orillas del lago para ocultar la nieve. Otra transgresión. Luego pegó el collage con la figura de sus hijos. Era una visión extraña. La pintura verde había encubierto la nieve, pero la nieve había hecho brillar el lago  con una luz que no pertenecía al verano. Volvió a observar el collage. Nunca había visto a sus hijos tan felices. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan desdichada. (211-212)

Marcia volvió a contemplar la fotografía…allí estaban sus hijos. Al menos la foto los había preservado intactos. (…) Ningún rostro era reconocible, pero Marcia observó las figuras, y descubrió a sus hijos por sus posturas… Sus hijos parecían desconcertados, afectados por la incertidumbre. (214)

Vemos en estos extractos, cómo la noción de contemplación revela la realidad observada en una aproximación del sujeto-objeto que trasgrede el límite de lo observado para generar “una forma posible de mirar las cosas”, la ocultación y la manifestación de la  preservación ante la negación de la muerte de sus hijos.
De igual modo, tenemos en una segunda instancia,  la historia final de los protagonistas, quienes de manera reflexiva llegan a conocerse y reconocerse desde las diferencias y la identificación, en las que cada uno ve en el otro la posibilidad de establecer  una relación distinta a las experiencias amatorias anteriores; pues marcados por sus perturbaciones, ahora apuestan al milagro y la esperanza como fuente de vida:

Jeremiah pensó que la vida junto a Marcia era un milagro.
´Pero Jeremiah no piensa en todas esas cosas tristes´, reflexionó Marcia. ´El cree en los milagros´. (…)
Marcia rezó a la esperanza. (…) Jeremiah era el comienzo de algo sin un final previsible. Aterrador pero magnífico.
Jeremiah recordó que la esperanza es eterna e inevitable.
Marcia caviló en un concepto que nunca había relacionado con los hombres en su vida: la devoción…
Jeremiah asumió que su misión cotidiana era conquistar a Marcia, aplacar sus miedos, hacerla avanzar en todo aquello que amaba. (215)

De manera  que el hecho trascendente de La Región Vacía,  más allá de un referente existencial, constituye, desde una connotación semiótica, un discurso estético revelador de subjetividades que se entrecruzan de manera significativa, que desde el acercamiento interpretativo mostrado, se mueven entre las denominadas  nociones  de conmoción y contemplación,  que  dibujan,   parafraseando a Bravo, las “fuerzas contradictorias de la vida”, referidas en el epígrafe.
 Szichman,  con un dominio de estructuras narrativas, hace de la trama todo un juego discursivo, haciendo confluir entre las escenas de conmoción y contemplación la presencia de personajes artísticos –elemento recurrente en las obras del escritor, particularmente en Eros y la Doncella-  con expresiones que le otorgan una alta dosis de recreación e imaginación al texto. Los collages de Marcia, quien “no despegaba de amateurs”, unidad estructurante  de la novela; los bocadillos para cine  de Jeremiah; las fotografías de Ralph, en “su eterno proyecto”  y la dramaturgia del Tío Augustus, “siempre era su misma obra”; representan los matices y  entreactos que irrumpen la tragedia,  desde  la controversia y posturas  críticas- reflexivas ante el oficio.
Sin duda, La Región Vacía constituye un discurso estético magistralmente enunciado en sus formas expresivas desde un manejo impecable del lenguaje; esto es, al decir de  Wittgenstein (1953) “un todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido”,  signada en el recorrido narrativo por las dos condiciones  contradictorias de  la existencia humana: vida-muerte.  Creación literaria que por la manera en que el escritor se apropia de los acontecimientos y sus personajes, hace posible revelarnos una historia que funda al decir de Ricoeur, “el genuino poder referencial del texto”.

Referencias Bibliográficas:
Ricoeur, P.(1995) Teoría de la Interpretación. Discurso y excedente de sentido.  México: Siglo veintiuno
Szichman,  M. (2014) La  Región Vacía. Madrid: Verbum
Wittgenstein, L. (1968) Los cuadernos azul y marrón. (Traducción de la edición inglesa: Francisco García Guillén. Madrid: Taurus, 1993

Wittgenstein, L. (1953)  Investigaciones filosóficas. (Edición bilingüe. Trad. García Juárez y Moulines. México: Instituto de Investigaciones Filosóficas. 1988

domingo, 26 de abril de 2015

El hombre que nunca existió: Una obra maestra de la desinformación

Mario Szichman

Ewen Montagu fue juez, escritor, y funcionario de la inteligencia naval británica. Durante la segunda guerra mundial,  Montagu jugó un papel muy importante en Operation Mincemeat (Operación Carne Molida) una obra maestra de desinformación que consiguió ocultar a las fuerzas armadas alemanas los planes de invasión aliada a Sicilia, haciéndoles creer que el objetivo era en realidad Grecia y Cerdeña.  
A fines de abril de 1943, en vísperas de la invasión aliada al sur de Europa,  apareció un cadáver flotando cerca de Punta Umbría, en la costa de Huelva, España. Ligado con una cadena a una de las muñecas del cadáver flotaba un portafolio, en cuyo interior había documentos “ultra secretos” ofreciendo detalles de los planes aliados. Todo indicaba que el muerto había estado a bordo de un avión, que el avión se había estrellado en el agua, y que el cadáver había emergido del dañado fuselaje.  
Por una sospechosa casualidad, en Huelva residía Adolf Clauss, un agente de la Abwehr, el servicio de inteligencia alemán. Clauss mantenía excelentes vínculos con las autoridades franquistas y pudo examinar los documentos rescatados del cadáver. Convencido de que eran auténticos, obtuvo copias y los envió a su jefe en Madrid,  Karl-Erich Kulenthal. Tras un riguroso examen Kulenthal decidió que estaba ante el artículo genuino y se llevó los papeles a Berlín. Todos creyeron en esos documentos, desde Adolf Hitler hasta el general Alfred Jodl, uno de los principales líderes militares del Tercer Reich. (Jodl firmó la rendición incondicional de Alemania como delegado del presidente Karl Dönitz. Murió ahorcado en 1946, tras ser condenado por el Tribunal de Núremberg). Como resultado del hallazgo, los nazis trasladaron parte de sus tropas a Cerdeña y los Balcanes y desprotegieron a Sicilia, donde se registró la invasión.   
La parte más interesante del operativo fue el factor humano. El cadáver que apareció flotando frente a las costas de Huelva, el de un “Major Martin,” pertenecía en realidad a un mendigo escocés llamado Glyndwr Michael. Su tarjeta de identidad era falsa, así como las cartas a su enamorada y una serie de recibos que forjaban su presunta personalidad.  
El cadáver de Glyndwr Michael fue localizado por Montagu en un hospital. Al parecer, se había suicidado ingiriendo veneno para las ratas. Los restos se conservaron durante varios meses en una cámara especial repleta de hielo, hasta el momento en que se los trasladó, en una cápsula hermética, a una embarcación. Por último, a fines de abril de 1943, el falso Major Martin fue arrojado al mar desde una embarcación. La elección de Huelva como su puerto de destino no fue casual. El servicio de inteligencia británico sabía que en la zona vivía el eficaz agente de la Abwehr Adolf Clauss, y conocía además sus ambiciones de ascenso.  
La historia del Major Martin ha sido contada en varias ocasiones. Primero, con los nombres cambiados, en la novela de Duff Cooper Operation Heartbreak (1950). Luego, en 1953, el propio Montagu divulgó algunos detalles, aunque otros los mantuvo ocultos, en su libro  The Man Who Never Was. Y en 1956, se hizo un filme con el mismo nombre, protagonizado por Clifton Webb, en el rol de Montagu, quien actuó algunos minutos en la película.
Posiblemente el mejor libro sobre el tema es “Operation Mincemeat - the True Spy Story that Changed the Course of World War Two” (2010), escrito por Ben Macintyre.
En ese juego de espejos donde la realidad se finge ficción, y la ficción adquiere visos de realidad, Macintyre se siente como un pez en el agua. Al comentar la parte de Montagu en la película, dice que “el verdadero Montagu le habla (a Clifton Webb) encargado de interpretarlo en la ficción cinematográfica, basada en un hecho real, originado en la ficción”.  
El operativo surgió primero en la mente de un narrador, Basil Thomson, quien en su novela, The Milliner´s Hat Mystery (1937) narra la historia del hallazgo de un cadáver en un establo. El muerto porta documentos que lo identifican como “John Whitaker”.  Luego, un detective descubre que los documentos han sido falsificados, aunque se ignora la razón. La idea del cadáver con documentos falsos fue retomada por Ian Fleming, el autor de las novelas de James Bond, quien trabajó para la inteligencia británica durante la segunda guerra mundial. Finalmente, una sinopsis terminó en el despacho de Montagu.  
Ese tipo tan refinado de deception ocurre una sola vez en la historia. Pero la reaparición de algunos de sus elementos es una constante a la hora de desinformar.
Hace algunos días se registró algo muy interesante en la prensa del oficialismo venezolano. Si el lector ingresa en este enlace:
podrá verificar la existencia de una información bastante escueta, bastante demoledora, y que no ha sido propalada por agencia noticiosa alguna. Dice el primer párrafo de la información:

Caracas, 21 de abril de 2015.- Jim Luers, vocero de la Casa Blanca, indicó que las acusaciones del ex escolta de (Diosdado) Cabello, el militar de la armada Leamsy José Salazar, son ´totalmente falsas´.

Leamsy Salazar fue guardaespaldas de Hugo Chávez, y huyó hace algunos meses a Estados Unidos. Actualmente vive como “testigo protegido” del departamento de Justicia. Según el periódico ABC de Madrid y El Nuevo Herald de Miami, Salazar habría acusado al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, de narcotráfico. Eso ocurrió en enero de este año. A partir de ese momento, nada más se ha sabido de Leamsy Salazar. Y de repente, un vocero de la Casa Blanca, y con nombre y apellido, señala que son “totalmente falsas” las acusaciones formuladas por el exguardaespaldas contra una de las figuras más importantes de la Revolución Bolivariana.  
El caso merece ser analizado. Trabajé durante algo más de tres décadas en dos agencias noticiosas norteamericanas. (No le recomiendo la tarea a nadie que ame la profesión. Nada supera el llamado “periodismo de calle”). Pero hay algunas cosas muy saludables que se aprenden en las agencias. Una de ellas es chequear las fuentes, en lugar de copiar lo que dicen otros medios. Recuerdo que en una ocasión, en el curso de unas Olimpíadas, llegó la información de que un importante atleta norteamericano había ganado una de las principales competencias. CNN lo informó, Reuters lo informó, y France Press, y Ansa, pero el jefe de deportes de mi agencia se negó a difundir la noticia hasta que nuestro corresponsal la ratificara desde el sitio de los acontecimientos. Y la confirmación llegó 23 horas más tarde. La agencia se perdió la primicia, pero conservó a los suscriptores, pues demostró su seriedad.  
Recuerdo que cuando trabajaba en el periódico Ultimas Noticias de Caracas, a fines de la década del setenta, el director del diario, Nelson Luis Martínez, me dijo: “Conseguir 60 lectores nuevos puede demorar meses. Pero perder diez mil en una hora es muy fácil. Basta divulgar una noticia falsa”.  
En el diario Tal Cual de Caracas me pidieron que intentara verificar si existía el portavoz de la Casa Blanca Jim Luers, y si había acusado al ex guardaespaldas de Chávez de haber propalado una falsa información sobre Diosdado Cabello.  Primero revisé las agencias noticiosas que considero serias. En ninguna de ellas aparecía la información.  A poco de andar me entusiasmó la tarea, pues se trata de un fascinante ejercicio para un novelista. No es casual que tantos escritores británicos hayan trabajado en los servicios de inteligencia: Basil Thomson, el novelista que le dio a Ian Fleming la idea del cadáver con falsos documentos de identificación, fue agente de espionaje en la primera guerra mundial. (Además, entrevistó a Mata Hari). Somerset Maugham, Graham Greene y John Le Carré también trabajaron como espías.  
En el libro de Macintyre es placentero descubrir cómo al diseñar al Major Martin los perpetradores del operativo se concentraron exclusivamente en la mente del adversario. ¿Qué anzuelo se podía tragar entero la Abwehr, y qué detalles podrían delatar la manipulación de datos?  ¿Cómo convencer por ejemplo a la Abwehr de que un cadáver con varios meses de antigüedad, que tenía restos de raticida en su estómago, había muerto ahogado, tras estrellarse el avión en el que viajaba?   
En el caso de la desmentida a las denuncias contra Diosdado Cabello lo primero que llamaba la atención era la divulgación del nombre y apellido de un vocero de la Casa Blanca. Siempre conviene desconfiar de los excesivos detalles. Por lo general, los periódicos y agencias no suelen dar los nombres de los voceros de alguna entidad gubernamental. Basta decir que un portavoz (de la Casa Blanca, del departamento de Estado, del departamento de Justicia) anunció algo, para que eso sea suficiente. Además, Estados Unidos supera los 300 millones de habitantes. Hay centenares de miles de personas con el mismo o similar nombre y apellido. ¿Para qué contribuir a la confusión general?  
Recuerdo que el pasado 10 de abril, el periódico venezolano La Voz informó que el presidente Nicolás Maduro había recibido “13 millones 447 mil 651 rúbricas como parte de la campaña ´Obama deroga el decreto ya´ que lleva a cabo el Gobierno Nacional” contra las sanciones a siete funcionarios por parte de las autoridades estadounidenses. Un total de  13 millones 447 mil 651 rúbricas es una cifra fácil de memorizar, casi como la codificación requerida para activar una bomba nuclear. Lo único que suena raro es la cifra. ¿Por qué no decir “más de 13 millones de firmas”, o cerca de “13,5 millones de firmas”? El gobierno de Venezuela es famoso por negarse a divulgar cifras exactas o siquiera aproximadas en prácticamente todas las estadísticas que maneja. En realidad, tal como han señalado economistas, la tarea principal del Banco Central de Venezuela y de otros organismos gubernamentales consiste en ocultar datos. Y hace bien ¿para qué amargar a la gente? Pero llama la atención el escrúpulo a la hora de contar firmas.
De todas maneras, bastó escribir en Google “Jim Luers and White House,” o “Jim Luers and White House´s spokesman,” para verificar que no existía un Jim Luers  trabajando como portavoz de la Casa Blanca. Hubiese sido también posible llamar a la residencia. El número es el 202-456-1414. Los telefonistas atienden las llamadas, son muy corteses, y hacen todo lo posible por conectar a las personas.  Es posible preguntar por el señor Jim Luers. Él despejará todas las incógnitas. En caso de que exista.  
No le hemos seguido la pista al caso del ex guardaespaldas del fallecido presidente Hugo Chávez y posible guardaespaldas del actual presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (nunca se aclaró este último punto).
A partir de ese momento, nada más se supo de Salazar. Pero una cosa queda clara: si Salazar, como han señalado algunos órganos de la prensa norteamericana es “A protected witness,” un testigo protegido, eso significa que el Departamento de Justicia, no el gobierno de Barack Obama, se está ocupando de su caso. En Estados Unidos, a diferencia de Venezuela, existe la división de poderes. Tal vez por eso, en ocasiones, la justicia demora en decidir, en ocasiones años.
Inclusive un secretario de Justicia puede ordenar el impeachment, el juicio político al primer magistrado de la nación, cuando transgrede sus funciones, como ocurrió con Richard Nixon. La Casa Blanca nada puede opinar del caso Salazar (esto es, si existe un caso) pues no es su tarea administrar justicia. Si alguien puede declarar sobre el caso de Leamsy Salazar, es un vocero del departamento de Justicia. Y desde ya podemos garantizar que eso tampoco ocurrirá. En algún momento se conocerá la suerte corrida por el ex guardaespaldas de Hugo Chávez. Pero no a través de un portavoz con nombre y apellido.
Entre tanto, persiste un interrogante: ¿por qué se divulgó el bulo de que un evanescente vocero de la Casa Blanca negó las declaraciones de Salazar?
El blog Caracas Chronicles maneja esta hipótesis: la publicación del libro Bumerán Chávez, del periodista español Emili J. Blasco, corresponsal del diario ABC en Washington.Según el blog, en el libro Blasco “repite algunas de las denuncias contra Hugo Chávez sobre reuniones secretas con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)  en las cuales el propio Chávez planificó el canje de drogas por armas con los insurgentes colombianos”.
Además, Blasco incluye “denuncias de manipulación de votos durante la elección de (el presidente) Nicolás Maduro, así como los vínculos entre Maduro y Jezbolá” (el grupo chiíta libanés).
El blog aclara que “la credibilidad de Blasco depende de la credibilidad de Leamsy (Salazar) y de otras fuentes”. Y eso explicaría por qué un inexistente vocero de la Casa Blanca anuncia que el ex guardaespaldas de Hugo Chávez y testigo protegido del departamento de Justicia mintió a sabiendas. El señor Jim Luers se habría encargado de mostrar que todos los argumentos del periodista español se van por el sumidero. Es una pena que el portavoz no exista.
Según mis fuentes, hasta el día jueves, 23 de abril de 2015, Leamsy Salazar seguía siendo testigo protegido de fiscales en Miami y en Nueva York.  En cuanto a quienes deseen enviar bulos en el futuro, este es mi consejo: es mejor copiar a los magos de la desinformación, los ingleses y los norteamericanos .  Operation Mincemeat es un buen ejemplo a ser imitado.