Mostrando entradas con la etiqueta Los ataques del 11 de septiembre de 2001. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los ataques del 11 de septiembre de 2001. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de junio de 2017

La región vacía, discurso estético de un hecho trascendente


La doctora Alexis del C. Rojas Paredes*, profesora de la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” Núcleo Valera, publicó en  Cifra Nueva Revista de Cultura, nº 35, enero-junio 2017, el artículo "La región vacía, discurso estético de un hecho trascendente", en el que reflexiona en torno a mi última novela. Compartimos con ustedes, desde este espacio, el texto de la doctra Rojas.  



La vida brota y transcurre atravesada por dos
fuerzas contradictorias: la de la preservación,
y la del abismo de la muerte.
Víctor Bravo





En su deslumbrante uso del lenguaje como enlace subjetivo de la narración, en esa interconexión entre lenguaje y mundo, llamados los juegos del lenguaje para Wittgenstein (1968, p.60), donde “Sólo es posible imaginar combinaciones no existentes de elementos existentes”, Mario Szichman nos recrea, en esta ocasión, con la novela La Región Vacía (2014), obra que tiene como referente existencial la tragedia que sacudió nefastamente a Nueva York y al mundo el 11 de septiembre de 2001.  Hecho trascendente de carácter dramático, que el escritor, con excelente madurez narrative, transfigura en un hecho discursivo sugestivo, fundado en la confluencia de historias, las cuales, desde la intimidad de los personajes, revelan experiencias vividas y relaciones de significación. Entreteje diversas individualidades que despuntan la intersubjetividad del discurso estético, connotando entre sus posibilidades interpretativas sentidos que se mueven entre las conmoción y la contemplación, erigidos desde la sensibilidad artística del escritor y que reproduce espléndidamente en sus personajes.
Bajo esta mirada, Szchiman reconstruye y resignifica la historia discursiva, en la cual el curso de los acontecimientos y el entrecruzamiento de variados sucesos y escenarios estructuran una isotopía narrativa, simbolizada, sin duda, en los collages de Marcia. Las realidades cotidianas de los protagonistas: Marcia y Jeremiah, a quienes distancia pero a su vez acerca; la postura y propósitos de los líderes adversarios: Osama bin Laden y George Bush; los alertas de seguridad de un ex funcionario del FBI; cinceladas desde el encubrimiento, la incertidumbre y lo impredecible en tres marcas temporales, distingue en el autor la representación de niveles perceptivos e imaginativos que deslumbran a partir del tono del lenguaje, el matiz reflexivo y la experiencia placentera.
Entre esta confluencia de historias narrativas que arman el collage de la obra, el autor reconstruye de forma intercalada y con minuciosa descripción, el encubrimiento del plan terrorista de Osama bin Laden al este de Afganistán, las estadías, intercambio de información y desplazamiento de los miembros de Al Qaida, -“Viajaban en sus cuerpos, pero ya estaban escindidos de ellos. No tenían pensamientos trascendentes. La idea de inmolación había cedido paso a las tareas burocráticas que debían cumplir…”- (Szichman, p.54); fines que logran superando misteriosamente todos los controles de seguridad en los aeropuertos. Dice el autor:
La furia de todos ellos, una furia incubada en siglos de frustración, apaciguada en cinco rezos diarios, propulsada por la injusticia, atenuada por escasos momentos de ternura y espoleada por la aflicción, por la eterna aflicción, movería edificios enormes, disiparía hasta sus cimientos. Sus vidas se disolverían en un instante, sin dolor, como si nunca hubieran existido (p.62).

Todo ello en medio de la normal cotidianeidad de la existencia neoyorquina, de la impensable destrucción del World Trade Center, y en un día de trabajo educativo del Presidente George Bush.
No obstante, es significativo destacar cómo el narrador, a través del personaje Patrick Cassidy, exfuncionario del FBI y luego Jefe de seguridad de buena parte de las torres gemelas, instaura referencias que enmarcan la catástrofe como los “vaticinios” fundados por el personaje sobre los planes de Al-Qaida, los cuales eran desestimadas por los jefes; así como la “legendaria vulnerabilidad” y “fallas estructurales” de construcción reiteradamente divulgadas “Una arquitecta había dicho en el New York Times que podían convertirse en las lápidas más gigantescas del mundo” (p.130); actos evasivos que llevan al lamentable infortunio.
Este hecho, de indudable conmoción, dado a los estados de afectación individual y colectivo visto desde el mismo instante de la tragedia y los momentos sucesivos del impacto del primer avión de American Airlines y luego el segundo, provoca la perplejidad e incertidumbre tanto para las personas que están dentro de las torres gemelas como en familiares y colectividad en general, llegando a representar momentos de vértigo signado en primer lugar, por la progresión de marcas temporales definitorias –víspera, el amanecer del 11 de septiembre de 2001 a las 4:00am; traslado hacia el aeropuerto, 8:00am; el primer ataque, 8:46 am; el segundo a las 9:03- y en segundo lugar, por cada evento impredecible y las consecuencias de los instantes posteriores; atravesados en un discurso narrativo cargado de mucha expectación, sin llegar a imprimir el sello dramático que la crueldad de los acontecimientos o victimización del hecho histórico social como tal.
En este orden interpretativo, podemos apreciar el comportamiento y estados emotivos de Marcia, madre de dos ejecutivos que mueren dentro de la Torre Norte, personaje protagónico, quien a través de la comunicación telefónica con sus hijos a la par de las imágenes televisivas de CNN, revela sobre la marcha de la tragedia el curso de los acontecimientos, las sensaciones vividas de angustia y confusión “funcionaba como en sus collages. No había continuidad. Trataba de ir reajustándose a la novedad.” (p.147).
Todo se torna en incertidumbre y finalmente en desolación. Marcia:
Tras la muerte de sus hijo afrontó el duelo…Se sentía incómoda en ese mundo de deudos y de víctimas donde nadie decía la verdad. (…) buscaba algún tipo de racionalidad. Odiaba las palabras imprecisas, los golpes en el pecho, la idea de que un cataclismo se había abatido sobre Nueva York,… La aterraba pensar que mataban simplemente por el placer de matar (…) Marcia decidió finalmente abandonar la congoja colectiva. Al menos en su soledad estaba ausente la mentira. (p.p.68-69)

El personaje enfrenta su aflicción y vacío terrenal/ espiritual en la búsqueda constante de un aliento de vida que le permita recobrar la contradictoria preservación de sus hijos.
En el transcurrir de este paralelismo muerte, vacío y aflicción, la trama narrativa entrecruza los personajes protagónicos de Marcia y de Jeremiah, periodista responsable de reportar las infaustas consecuencias del atentado de las torres gemelas, en escenas progresivas de encuentros y desencuentros que nos muestran diversas singularidades de vida, de relaciones de significación, sobre experiencias, conceptos, que evidencian diferencias pero también despiertan deseos e intenciones “Venga vamos a protegernos –le dijo Jeremiah (…) He decidido que a partir de este momento, mi tarea es protegerla, hacerla feliz y llevarla a la cama” (p.p.80-81). Por lo que en medio de episodios de aflicción se introduce una serie de elementos isotópicos que perfilan un estado de contemplación en los protagonistas, tanto de las condiciones físicas como de los objetos de realización profesional y de los diálogos intersubjetivos.
Es importante referir, aquí, que la noción de contemplación, más allá de su concepción como conocimiento y unión con Dios recogido por los postulados místicos, se percibe en un sentido amplio como una mirada que emana placer, como la aproximación que se genera entre el sujeto-sujeto, sujeto-objeto, producto de la observación atenta, valorativa y reflexiva del encuentro o de la realidad observada; es decir una contemplación por el otro y lo otro.
Entre las diversas definiciones de la contemplación, cabe mencionar la de Manuel Belda, Profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma), quien señala que:

el significado original del término “contemplar” encierra un triple contenido: a) se trata de mirar, pero de un mirar con atención, con interés, que involucra la dimensión afectiva de la persona; b) dicho interés procede del valor o calidad que posee la realidad contemplada; c) este mirar comporta una presencia o inmediatez de dicha realidad (cfr. Belda, s/f ).

En este sentido, se puede decir que la capacidad de contemplar demanda estimación de algo que va más allá de lo observado, lo que hay al otro lado del límite.
A la luz de esta noción de contemplación, se desnuda la intimidad de la vida afectiva y condición humana de los protagonistas, en un acercamiento de aparente contradicciones que a lo largo de sus andanzas se reconvierten:

Ahora no tiene la mirada de un pescado–dijo Marcia observando a Jeremiah.
-Le queda muy bien el cabello mojado. Debe ser muy bella al salir de la ducha (…)
–No usted no es un pescado. Usted es un extraterrestre. ¿Por qué me mira así? (p.p.80-81).

De igual modo, la atención e interés hacia los objetos como el deslumbrante bolígrafo de Jeremiah, por ejemplo, la observación analítica e indecible sobre los collages de Marcia, los diálogos enjuiciadores sobre sus experiencias de vida: agonía y muerte de la esposa de Jeremiah, los amantes de Marcia y la vida de sus hijos; constituyen actos de sensibilidad humana, con mirada valorativa y reflexiva, visto inclusive en un comportamiento de fines contradictorio de Osama bin Laden:

Cuando regresó del baño, observó a Amal al-Sada, su esposa más joven. Estaba amamantando a su hijo…Él se sentía en sus brazos como si fuera un niño, la amaba con ternura. (…) Sabía que nunca podía volver a vivir como un ser humano normal…Estaba destinado a morir en la Región Vacía. (p.p.86-87)

Estas escenas, que marcan sentidos de contemplación, entre otras, se dimensionan al final de la novela, cuando los protagonistas parecen entender los conflictos de sus vidas, al reconocerse uno en el otro, al apostar a una nueva forma vida signada por el misticismo, la compasión y la esperanza; representada en un primera instancia por el deseo inalcanzable de Marcia de volver a ver a sus hijo por última vez, y en la búsqueda afanosa de Jeremiah por satisfacerla. Para ello, ambos intentan su fin, Marcia en la elaboración del collage con las fotografías de la infancia de sus hijos y Jeremiah en una búsqueda milagrosa para responder a lo prometido. Cito en extenso:

Observó el collage. Lo más difícil para Marcia había sido conseguir las fotos donde sus hijos se sonreían mutuamente mientras saltaban del muelle en Lake George (…) Estaban elegantes, como si antes de saltar se hubieran mirado al espejo y dado un toque a las corbatas…Como trasfondo no estaba la torre desde la cual habían saltado, sino las montañas Adirondacks. Era una de las transgresiones que Marcia había cometido en el collage. Tuvo que pintar gama verde en las orillas del lago para ocultar la nieve. Otra transgresión. Luego pegó el collage con la figura de sus hijos. Era una visión extraña. La pintura verde había encubierto la nieve, pero la nieve había hecho brillar el lago con una luz que no pertenecía al verano. Volvió a observar el collage. Nunca había visto a sus hijos tan felices. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan desdichada. (p.p.211-212)
Marcia volvió a contemplar la fotografía…allí estaban sus hijos. Al menos la foto los había preservado intactos. (…) Ningún rostro era reconocible, pero Marcia observó las figuras, y descubrió a sus hijos por sus posturas… Sus hijos parecían desconcertados, afectados por la incertidumbre (p.214)

Vemos en estos extractos cómo la noción de contemplación revela la realidad observada en una aproximación del sujeto-objeto que trasgrede el límite de lo observado para generar “una forma posible de mirar las cosas”, la ocultación y desocultación de la preservación ante la negación de la muerte de sus hijos. De igual modo, tenemos en una segunda instancia, la historia final de los protagonistas, quienes de manera reflexiva llegan a conocerse y reconocerse desde las diferencias y la identificación, en las que cada uno ve en el otro la posibilidad de establecer una relación distinta a las experiencias amatorias anteriores; pues marcados por sus perturbaciones, ahora apuestan al milagro y la esperanza como fuente de vida:

Jeremiah pensó que la vida junto a Marcia era un milagro.
“Pero Jeremiah no piensa en todas esas cosas tristes”, reflexionó Marcia. “El cree en los milagros”. (…)
Marcia rezó a la esperanza. (…) Jeremiah era el comienzo de algo sin un final previsible. Aterrador pero magnífico.
Jeremiah recordó que la esperanza es eterna e inevitable.
Marcia caviló en un concepto que nunca había relacionado con los hombres en su vida: la devoción…
Jeremiah asumió que su misión cotidiana era conquistar a Marcia, aplacar sus miedos, hacerla avanzar en todo aquello que amaba. (p.215)

De manera que el hecho trascendente de La Región Vacía, más allá de un referente existencial, constituye desde una connotación semiótica un discurso estético revelador de subjetividades que se entrecruzan de manera significativa, que desde el acercamiento interpretativo mostrado, se mueven entre las denominadas nociones de conmoción y contemplación, que dibujan parafraseando a Bravo las “fuerzas contradictorias de la vida”, referidas en el epígrafe.
Szichman, con un dominio de estructuras narrativas hace de la trama todo un juego discursivo, haciendo confluir entre las escenas de conmoción y contemplación la presencia de personajes artísticos –elemento recurrente en las obras del escritor, particularmente en Eros y la Doncella- con expresiones que le otorgan una alta dosis de recreación e imaginación al texto. Los collages de Marcia, quien “no despegaba de amateurs”, unidad estructurante de la novela; los bocadillos para cine de Jeremiah; las fotografías de Ralph, en “su eterno proyecto” y la dramaturgia del Tío Augustus, “siempre era su misma obra”; representan los matices y entreactos que irrumpen la tragedia, desde la controversia y posturas críticas- reflexivas ante el oficio.
Sin duda, La Región Vacía constituye un discurso estético magistralmente enunciado en sus formas expresivas desde un manejo impecable del lenguaje; esto es, al decir de Wittgenstein (1953) “un todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido”, signada en el recorrido narrativo por las dos condiciones contradictorias de la existencia humana: vida-muerte. Creación literaria que por la manera en que el escritor se apropia de los acontecimientos y sus personajes, hace posible revelarnos una historia que funda al decir de Ricoeur (1995, p.104), “el genuino poder referencial del texto”.

Referencias Bibliográficas:
Belda, M. (s/f). ¿Qué es la contemplación? [en línea]. Disponible en http://www.mercaba.org/Enciclopedia/Q/que_es_la_contemplacion.htm [Consulta 20/12/2015].
Ricoeur, P. (1995). Teoría de la Interpretación. Discurso y excedente de sentido. México. Siglo Veintiuno.
Szichman, M. (2014). La Región Vacía. Madrid. Verbum
Wittgenstein, L. (1968). Los cuadernos azul y marrón. (Traducción de la edición inglesa: Francisco García Guillén). Madrid. Taurus. 1993
Wittgenstein, L. (1953). Investigaciones filosóficas. (Edición bilingüe. Trad. García Juárez y Moulines). México. Instituto de Investigaciones Filosóficas. 19


*Alexis del C. Rojas Paredes, Doctora en Ciencias de la Educación, MSc. Literatura Latinoamericana. Profesora de la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” Núcleo Valera. Miembro Activo de la Línea de Investigación “Lengua, Literatura y Arte (ILLA).

miércoles, 22 de junio de 2016

Los ataques del 11 de septiembre de 2001 en EE.UU y las 28 páginas excluidas del informe oficial: ¿Existió una conexión saudita?


Mario Szichman



En febrero de 2004, dos años y medio después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra The World Trade Center en Manhattan y contra un ala del Pentágono, en Arlington, Virginia, cerca de Washington, D.C.,  dos investigadores estadounidenses interrogaron en un palacio de Riad, Arabia Saudita, a Fahad al–Thumairy. 
En abril de este año, el republicano Thomas H. Kean y el demócrata Lee Hamilton, que copresidieron la comisión encargada de investigar los atentados, señalaron “no haber encontrado evidencias” de que el señor Thumairy hubiese ayudado a dos de los piratas aéreos que participaron en el estrellamiento contra el Pentágono de un avión de American Airlines, vuelo 77. Sin embargo, según Kean y Hamilton, el señor Thumairy es “una persona de interés en el caso”.
Los dos piratas aéreos, Nawaf al–Hazmi y Khalid al–Mihdar, no hubieran podido vivir durante mucho tiempo en Los Angeles, ni en otras ciudades de la Costa Oeste en que residieron hasta abordar el vuelo 77 de American Airlines, de no haber sido por la invaluable ayuda del señor Thumairy. Tanto Hazmi como Mihdar no sabían una palabra de inglés cuando llegaron a Estados Unidos procedentes de Arabia Saudita. Tampoco tenían idea alguna de cómo manejarse en Los Ángeles.
Thumairy ocupaba dos cargos importantes en esa inmensa y caótica ciudad, era funcionario consular saudita, e imán de la mezquita King Fahad en el área de Culver City, frecuentada por Hazmi y Mihdar. Ambos se alojaron en un cercano apartamento alquilado por las autoridades de la mezquita.
Según indicó The New York Times, un documento del FBI, de 2012 concluyó que el señor Thumairy “asignó a una persona el cuidado de Hazmi y de Mihdar, durante la época de residencia en Los Angeles”.

UN SECRETO BIEN GUARDADO

Los investigadores de la 9/11 Commission que interrogaron a Thumairy en febrero de 2004, señalaron luego que el exfuncionario consular “posiblemente había mentido” en sus respuestas. En todo momento negó vínculos con los dos piratas aéreos o con algunos de sus cómplices.  Cuando le mostraron registros telefónicos  que cuestionaban sus respuestas, puso en duda la veracidad de esos registros, o dijo que había personas dispuestas a mancillar su reputación.
Ahora que han pasado casi 15 años desde los ataques, se ha renovado el debate sobre una presunta conexión saudita con los piratas aéreos que atacaron en Nueva York y en los suburbios de Washington, y ha vuelto a ponerse sobre el tapete la necesidad de publicar las 28 páginas excluidas del informe presentado por la comisión en el 2002.  En esas páginas “casi míticas”, según dijo The New York Times, se discute “un posible rol saudita en el complot terrorista”. Las “preguntas sin responder acerca del señor Thumairy y de los dos piratas aéreos, continúan siendo las más enigmáticas”.
En caso de que haya existido un vínculo entre los 19 piratas aéreos y el gobierno saudita, dijo el periódico,  “algunos suponen que debe haber pasado a través de Thumairy”.
Richard Lambert, un ex miembro del FBI, encargado en la oficina de San Diego de investigar los contactos de los piratas aéreos, indicó al diario que “se trata de uno de esos casos donde existen muchas preocupantes coincidencias”.
Todo comenzó el 15 de enero del 2000, cuando Hazmi y Mihdhar llegaron al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, un año y medio antes que participaran en el ataque contra un ala del Pentágono a bordo del Vuelo 77 de American Airlines.
En tanto Thumairy ha negado de manera insistente todo contacto con Hazmi y Mihdhar, el documento del FBI del 2012, dice que el excónsul saudita ordenó a una persona encargarse de ambos compatriotas.
Luego, en febrero del 2000, Hazmi y Mihdhar entraron en contacto con Omar al–Bayoumi, otro saudita que trabajaba para la autoridad de aviación civil del gobierno de Riad.
Interrogado por el FBI algún tiempo después de los ataques, Bayoumi dijo que se había encontrado con Hazmi y Mihdhar de manera casual. Mientras caminaba por un sector de Los Ángeles, oyó hablar a los futuros piratas aéreos, que estaban sentados en un restaurante al aire libre. Bayoumi reconoció el acento, e inició una conversación. Pero el FBI tiene una opinión distinta. Cree que Bayoumi había conversado con Thumairy en la mezquita donde era imán, poco antes de reunirse con Hazmi y Mihdhar. Los investigadores presumen que Thumairy concertó la reunión.
Al ser interrogado en Riad, en el 2004, por dos investigadores de la 9/11 Commission, Thumairy negó todo contacto con Bayoumi. El problema era que los registros telefónicos indicaban 21 conversaciones telefónicas entre ambos.
Bayoumi es otra “persona de interés” para la comisión investigadora de los ataques. Está demostrado que ayudó a los futuros piratas aéreos a establecerse en San Diego, en el mismo edificio de apartamentos donde vivía. Inclusive fue uno de los firmantes del contrato de arrendamiento, y pagó el depósito de seguridad y el primer mes de alquiler.
El señor Lambert, exfuncionario del FBI en la oficina de San Diego, expresó a The New York Times sus sospechas sobre la generosa ayuda de Bayoumi a Hazmi y a Mihdhar. Creo que algo fue planeado para atender a esos tipos luego que llegaron”, señaló. “Ellos no eran demasiado sofisticados. Tampoco hablaban inglés. Necesitaban ayuda para asentarse y comenzar los preparativos”. Lambert sospecha que al–Qaida hizo contactos en Los Ángeles para brindar ayuda a los participantes en el complot. 
Además de Thumairy y Bayoumi, dos oficiales de la armada saudita que vivían en San Diego tuvieron contacto telefónico con Hazmi, uno de los piratas aéreos.
La posible divulgación de las 28 páginas excluidas de la investigación de los atentados forma parte de una ofensiva en que participa el Congreso de Estados Unidos y familiares de las víctimas de los ataques. El Senado, por unanimidad, aprobó el mes pasado una ley a fin de facilitar demandas contra el gobierno de Arabia Saudita por cualquier posible participación en los atentados. La Cámara de Representantes podría iniciar en los próximos días un debate sobre el mismo proyecto de ley. Además, hay un litigio contra el régimen de Riad iniciada por familiares de los muertos en los ataques.
Si bien el gobierno saudita ha expresado su deseo que sean divulgadas las famosas 28 páginas, pues asegura no tener nada que ocultar, al mismo tiempo amenazó al gobierno de Washington con golpearlo en el bolsillo y enfriar las relaciones, en caso de registrarse un avance en las demandas.

EXPECTATIVAS Y RESULTADOS

Cuando estaba tomando apuntes para La región vacía, mi novela sobre los ataques del 11 de septiembre, uno de mis libros de cabecera fue el publicado por The 9/11 Commission. Y uno de los mantras de la novela es: “…Tantas cosas podrían haber salido mal. Pero la muerte, como un experto maestro de ceremonias, se encargó de allanar todos los obstáculos”. En la novela dediqué cierto espacio a mostrar las trabas que debieron superar los piratas aéreos antes de subir a los aviones.
Usando los datos de la comisión investigadora, puse a Nawaf al–Hazmi y Khalid al–Mihdar, los piratas aéreos presuntamente ayudados por Thumairy y y Bayoumi, a sudar la gota gorda en su intento de atravesar las barreras impuestas por las autoridades norteamericanas en los aeropuertos.
“A las 7:18 de la mañana”, señalé en la novela, “Mihdhar y Moqed ingresaron al puesto de control de seguridad en Logan y colocaron su equipaje de mano en la cinta sinfín de una máquina de rayos X. Al pasar por el primer detector de metales hicieron sonar las alarmas; se les ordenó pasar por un segundo detector de metales. En esa segunda inspección, Mihdhar no hizo sonar alarma alguna, y pudo cruzar el puesto de control. Cuando Moqed pasó el segundo detector de metales, la alarma volvió a sonar. Un inspector recorrió sus ropas con una varilla metálica. Moqed pasó la inspección.”
“Veinte minutos después, Nawaf al Hazmi activó las alarmas en el primero y segundo de los detectores de metales. Un inspector recorrió las ropas de Al Hazmi con una varilla metálica y lo dejó pasar”.
…Tantas cosas podrían haber salido mal.
Ignoro si la muerte, como un experto maestro de ceremonias, se encargó de allanar todos los obstáculos. Pero es obvio que los piratas aéreos tuvieron suerte en parte de su cometido, a veces, por pura casualidad. En el informe de la comisión investigadora hay muchos datos que hacen dudar sobre la perfección del plan elaborado por Osama bin Laden.
Algunos potenciales atacantes visitaron escuelas de aviación diciendo que solo deseaban aprender a manejar un avión en pleno vuelo. No les interesaba ni el despegue ni el aterrizaje. Otros preguntaron a instructores cómo se hacía para abrir la cabina del piloto tras el despegue.
Ya en junio de 2001, algunos meses antes de los ataques,  tanto Richard Clarke, alto funcionario en una oficina encargada de investigar potenciales atentados, como el ex director de la CIA, George Tenet, dijeron “estar convencidos de que podría registrarse una gran serie de ataques”. En julio, Clarke puso a las agencias de inteligencia (hay 16 en los Estados Unidos) en “alerta total”, tras informar que “algo realmente espectacular ocurrirá aquí pronto”. Había inclusive información de que “cosas extrañas están ocurriendo en escuelas de aviación en los Estados Unidos” y “específica información acerca de algunos terroristas”. 

UN ALIADO PELIGROSO

Estados Unidos suele establecer matrimonios de conveniencia con algunos gobiernos de enorme duplicidad. El caso más flagrante es la captura y asesinato de Osama bin Laden en Pakistán. El gobierno de Islamabad negó en todo momento que el líder de al–Qaida se hubiera refugiado en su territorio tras los ataques del 11 de septiembre de 2001. Comandos SEAL mataron a bin Laden tras una incursión en Abbottabad, el 2 de mayo de 2011. La ciudad cuenta con una poderosa guarnición militar, situada cerca de la residencia de bin Laden.
Otro matrimonio de conveniencia es entre Washington y Riad. La revista Newsweek dijo hace algún tiempo que la razón de excluir 28 páginas del informe de The 9/11 Commission era que “plantea preguntas acerca del financiamiento a los asaltantes de los aviones” por parte del gobierno de Arabia Saudí.
Varios miembros del Congreso que leyeron las páginas aún sin divulgar dijeron a la revista que “la seguridad nacional nada tiene que ver con eso”. Lo que ocurre es que “funcionarios norteamericanos intentan encubrir el doble juego practicado por Arabia Saudí en Washington. Por un lado, se ha mostrado como un estrecho aliado. Por el otro lado, ha sido el caldo de cultivo del extremismo islámico más tóxico del mundo”.
Por otra parte, Zacarias Moussaoui, un ex dirigente de al-Qaida, quien se halla preso en una cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos, señaló en un testimonio enviado a un juez neoyorquino que prominentes miembros de la familia real de Arabia Saudí figuraron entre los principales financistas de la red insurgente sunita a fines de la década del noventa del siglo pasado.
Moussaoui también dijo al juez George B. Daniels, del Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, que discutió con un funcionario de la embajada saudí en Washington, D.C., un plan para derribar el avión presidencial norteamericano Air Force One usando un misil Stinger. 
Según Moussaoui, entre los financistas de al-Qaida se hallaban los príncipes saudíes Bandar Bin Sultan, Turki al-Faisal y al-Waleed bin Talal.  (La embajada de Arabia Saudí en Washington negó las acusaciones de Moussaoui, y dijo que la comisión investigadora de los ataques rechazó las alegaciones).
El exmiembro de al–Qaida describió en sus cartas al juez reuniones en Arabia Saudí a fines de la década del noventa. En esos encuentros habrían participado jerarcas saudíes, entre ellos el príncipe Salman bin Abdulaziz Al Saud, nuevo rey de Arabia Saudí tras el fallecimiento del monarca Abdullah. En la reunión, dijo Moussaoui, entregó a los concurrentes cartas escritas por  Osama bin Laden.
…Tantas cosas podrían haber salido mal.
Cuando se analiza un episodio de la magnitud de lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001, suele pasar a segundo plano un aspecto primordial: su planificación. En realidad, los ataques a las torres gemelas, inclusive el estrellamiento de un avión contra el Pentágono, podrían haber sido maniobras de diversión de concretarse el plan inicial. Sin embargo, el principal objetivo no se cumplió. La cuarta aeronave comercial que iba a ser usada en los atentados, un avión de United Airlines, vuelo  93, se estrelló en una zona rural cerca de Shanksville, Pennsylvania. Al parecer, varios pasajeros, enterados a través de sus celulares de lo ocurrido en Nueva York y Washington, lograron enfrentarse a los piratas aéreos, desviando a la aeronave de su curso. El objetivo, según indicó  bin Laden meses después, era la capital norteamericana. Todavía no se ha podido establecer si el vuelo 93 enfilaría hacia la Casa Blanca o hacia el Congreso. Pero acabar con representantes del poder ejecutivo o legislativo, hubiera representado para al–Qaida una victoria simbólica aún mayor.
Tal vez los funcionarios sauditas que sirvieron de apoyo logístico a los piratas aéreos se ilusionaron con la idea de barrer de un plumazo el centro de poder de los Estados Unidos. Y, en ese caso, la impunidad hubiese sido mayor. Al fracasar el atentado final, afloraron incómodos vínculos, y quedaron demasiadas preguntas sin contestar.
…Tantas cosas que podrían haber salido mal salieron bien. Pero el fracaso del ataque a Washington D.C. reveló muchas costuras del complot, además del perpetuo doble juego de los saudíes. Con aliados como estos ¿Quién necesita enemigos?