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lunes, 14 de diciembre de 2015

“Esto no puede ocurrir aquí”: hasta que ocurre aquí


Mario Szichman





     Hay escritores norteamericanos que siguen siendo clásicos casi por milagro, en un país donde la abrumadora cantidad de libros que se publican anualmente,  y la corta memoria de los estadounidenses, conspiran contra toda posibilidad de persistencia.
   Posiblemente la academia, o la crítica, ayudan a que esos narradores perduren, aunque ese no es siempre un buen indicio. Hay escritores entronizados por la academia o por la crítica que no han resistido el paso del tiempo. Pienso por ejemplo en Ernest Hemingway. Es muy difícil que alguien haya escrito mejores cuentos que el Hemingway de la primera época. (“Un gato bajo la lluvia”, “Un lugar limpio y bien iluminado”, “Los asesinos”).  Pero el Hemingway de To Have or to Have not, o de El Viejo y el mar es insoportable. 
     Otros escritores, en cambio, tras quedar sumergidos, siempre retornan a la superficie. Como Theodore Dreiser (An American Tragedy, con un comienzo absolutamente inolvidable, y una trama que nunca ha dejado de fascinar), o Erskine Caldwell (Tobacco Road,  El camino del tabaco; God's Little Acre, La chacrita de Dios, y Journeyman, a veces traducido como El predicador viajero, inmitables libros, mezcla de sensualidad, grotesco y tragedia que describen la inverosímil subsistencia de granjeros pobres  en el Deep South).  
     En ese lote nunca puede olvidarse a Sinclair Lewis. Su vena satírica puede verificarse en Babbitt (1922), historia de un corredor de bienes raíces que cree en el Sueño Americano y que en cierto modo presagia el Crash de 1929, en Main Street, Calle Mayor, y en Elmer Gantry, descripción de un predicador evangélico que nunca ha pasado de moda por su insolente ironía.
     En el año 1935, cinco años después de ganar el Premio Nobel de Literatura, Lewis publicó una novela que tuvo un enorme impacto: It Can't Happen Here,  Esto no puede ocurrir aquí, una novela acerca de la elección de un fascista a la presidencia de Estados Unidos. No olvidemos que en 1935, Adolf Hitler gobernaba en Alemania y Benito Mussolini en Italia. Y ambos, hasta ese momento, gozaban de buena prensa en la mayor parte de Europa, y tenían muchos simpatizantes en Gran Bretaña y en los Estados Unidos. La novela de Lewis, que detalla la lucha del periodista Doremus Jessup contra el régimen fascista del presidente Berzelius “Buzz” Windrip, podría parecer un anacronismo en la actualidad, tras la desaparición de Hitler y de Mussolini del escenario mundial, excepto que el empresario de bienes raíces Donald Trump está predicando un lenguaje de odio que lejos de enviarlo al ostracismo lo ha catapultado al tope entre los precandidatos republicanos. 
    “Esto no puede ocurrir aquí”,  pueden alegar los contemporizadores, pero  ¿qué pasa si el ejemplo de Trump se extiende? Después de todo, el ultraderechista Frente Nacional consiguió hace algunos días una gran victoria en Francia, aunque en la segunda ronda recibió un vapuleo. Pero nadie cree que esa organización haya quedado en la lona, y los demagogos suelen florecer con mucha más rapidez que los políticos sensatos. 
     Cuando escribí A las 20:25 la señora pasó a la inmortalidad, aquello que “No podía ocurrir aquí” estaba ocurriendo en la Argentina. Empecé a escribir la novela en 1975. En ese momento, la Argentina era gobernada por María Isabel Martínez de Perón, quien había heredado el cargo de su esposo, Juan Domingo Perón, luego que éste falleció el 1º de julio de 1974. El país se había convertido en un caos, funcionaban los escuadrones de la muerte, había varios grupos guerrilleros, la economía iba a la deriva, y los salvadores de la patria acechaban en las sombras, aguardando el momento en que enderezaran las cargas, apoyados con entusiasmo por algunos sectores políticos. 
     Finalmente, el 24 de marzo de 1976, un triunvirato militar encabezado por el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Massera, y el brigadier general Orlando Ramón Agosti, asumió el poder. Dos días más tarde, Videla fue designado por sus pares presidente de Argentina. 
     Los militares nunca ocultaron sus propósitos. Solo los ingenuos creen que las palabras de los gobernantes se las lleva el viento. El más explícito fue el general Ibérico Saint Jean, gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires. En mayo de 1977, Saint Jean pronunció en un discurso la siguiente frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. Según trascendió en los juicios llevados a cabo luego de la dictadura, unas 100.000 personas fueron torturadas, y entre 10.000 y 30.000 “desaparecieron”. 
     Durante la redacción de A las 20:25 la señora pasó a la inmortalidad (1975-1979) viví en Caracas, que en ese momento era una especie de isla democrática en un océano de dictaduras. Gobernaban Videla en la Argentina, Augusto Pinochet en Chile, Aparicio Méndez en Uruguay, Ernesto Geisel y luego João Baptista de Oliveira Figueiredo en Brasil.  Los vilipendiados gobiernos de la Cuarta República acogieron a asilados de todos esos países sin hesitación alguna. 
     Recuerdo que muchos amigos con los que conversé en Caracas en esa época, me dijeron convencidos: “Eso no puede ocurrir aquí”. Aludían, obviamente, a una dictadura militar. Y por eso, una sección de la novela está dedicada a un personaje, Pinie, quien se salvó del nazismo tras ocultarse en un pozo, en Polonia, durante la segunda guerra mundial. 

"Una vez en la Argentina, Pinie vive obsesionado con la idea de que deberá cavar otro pozo en el futuro inmediato. Su socio, Motje, con el que se gana la vida cambiando zapatos por fracs (un frac equivale a cuatro pares de zapatos en la economía de libre mercado propiciada por ambos) le promete que nadie va a meterlo en otro pozo, pues “Esto es la Argentina”. 
Pinie le recuerda que “Lo mismo decían los judíos en Polonia”. 
– ¿Qué decían: Esto es la Argentina? – le preguntó Motje.
–No, dejame que te explique…
–Entonces, no era lo mismo– dijo Motje.
–No podían decir Esto es la Argentina, porque vivían en Polonia.
– ¿Y qué decían?– preguntó Motje.

–Decían: Esto no es Alemania.
–Claro, si era Polonia…
–No, era Rusia. Stalin mandó invadir y todos nos hicimos bolcheviques y decíamos: ´No nos puede pasar nada, esto no es Alemania´.
–Se ve que eran muy inteligentes– comentó Motje.
–Pero después, Polonia fue de Alemania. Entonces, todos los judíos hicimos paso de ganso para ir a Treblinka y decíamos: ´Aj, que suerte, no nos puede pasar nada porque esto no es Rusia´. Los que se salvaron, se quedaron esperando a que Polonia fuera de Polonia. Decían: ´Nos pasó de todo porque esto, o fue de Rusia, o fue de Alemania, pero nunca fue de Polonia´. Al final, Polonia fue de Polonia y los partisanos católicos cazaron a los judíos. A unos por bolcheviques, y a otros por hacer paso de ganso. A los bolcheviques los colgaron y a los otros los fusilaron. Entonces, los dos o tres judíos que quedaron decían:  ´¿Qué es mejor: que ésto no sea Rusia, que ésto no sea Alemania o que ésto no sea Polonia?´ Y a esos los degollaron por dudar. No sirve de nada que esto sea Argentina– concluyó Pinie."

    Motje estaba equivocado, y Pinie estaba en lo correcto. No servía de nada que estuviesen viviendo en la Argentina. En cualquier momento eso podía ocurrir. Y ocurrió.
     En Venezuela, desde el año 1999, “Esto que no puede ocurrir aquí”, está ocurriendo todos los días. 
     Las elecciones parlamentarias del seis de diciembre de 2015, ganadas de manera aplastante por la oposición al gobierno de Nicolás Maduro Moros, seguramente pasarán a la historia de Venezuela como apenas otro fin del comienzo, más que el comienzo del fin. Vamos a cederle la palabra al ensayista y político Alonso Moleiro, quien expresó los casi insuperables desafíos que aguardan al venezolano ansioso por emerger de casi 17 años de pesadilla chavista:

“Las cosas en Venezuela” señaló Moleiro, “no sólo están mal, sino que están peor de lo que el común de la gente piensa. El daño hecho es muy grande y la carga política de los rojos, que en cualquier otro lugar hace rato que se hubiera expresado con claridad, ha sido inmerecidamente mínima”.
    Moleiro también indicó: “Con los méritos asistenciales, de carácter parcial, y los logros sociales del chavismo, que a estas alturas ya lucen minúsculos, la olla de presión social en gestación, que está siendo infravalorada por la dirigencia del PSUV, está produciendo un deterioro y una erosión social que ya parece completamente irreversible”. 
   En la crisis, señaló el ensayista, "concurren tres circunstancias excepcionalmente graves: ha sido demasiado grande el volumen del dinero administrado; el colapso económico que se aproxima nunca había sido conocido en Venezuela, y el chavismo tiene demasiado tiempo administrando de forma unilateral y unidimensional todo el poder en el país." 
    Ahora viene la parte menos glamorosa y más difícil: tratar de reducir el inconmensurable daño causado por el chavismo, que ignoró uno de los principios fundamentales de la economía, conocida como la ciencia de la escasez, no de la abundancia. Cuando el crudo pasó la barrera de los cien dólares por barril, y se mantuvo en esa franja varios años, Chávez derrochó el erario de todos los venezolanos, aguardando la continuación de la magia. Seguramente luego vendría una cotización del crudo a 200 o 300 dólares el barril. Lamentablemente, su temprana muerte le impidió verificar a donde conduciría su fenomenal dilapidación de los recursos. Quien lo comprobó, amargamente, fue su reemplazante –un substituto elegido por Chávez, no lo olvidemos– quien pasó a representar un personaje famoso en el vodevil: el que recibe las bofetadas. Hay quienes nacen con estrella, y otros nacen estrellados.  Y Maduro tuvo que observar cómo el petróleo iba cayendo palo abajo sin que sus encendidos discursos impidieran el descenso del precio. Y de la cota de más de 100 dólares por barril, tenemos en diciembre de 2015 el crudo Brent a 41,44 dólares el barril, el precio más bajo desde febrero de 2009. (El crudo Brent se cotiza mucho más alto que el crudo venezolano). 
     Por supuesto, si el chavismo, con el crudo a más de 100 dólares el barril, nada hizo para reservar un solo dólar a fin de enfrentar la época de las vacas flacas, menos pudo hacer cuando la cotización del petróleo cayó a más de la mitad. Maduro urdió un recurso infantil: inventó una guerra económica que impedía el despegue de Venezuela hacia la estratosfera. No olvidemos que entre las tareas asignadas al chavismo figura también la salvación del planeta.
Russ Dallen, quien lidera el banco de inversiones Latinvest, dijo que el sucesor de Chávez “debe ser uno de los escasos líderes que resulta derrotado en una guerra económica que él mismo inventó”. 
     Alonso Moleiro, con la cabeza fría y un razonamiento muy bien articulado, señaló que "parte del debate político que sobrevendrá en los próximos meses, consiste en hacerle ver a los venezolanos que la dirigencia chavista tiene muchas explicaciones qué dar. Los casos de corrupción ya son excesivos; dentro de muy poco será un imperativo nacional normalizar el abastecimiento, acabar con la inflación, colocarle orden fiscal a las cuentas del país, conocer la verdad sobre los detalles que consolidaron la administración irresponsable, manirrota y antinacional que adelantaron los chavistas durante estos años, causantes últimos, qué duda pueda caber, de la crisis nacional actual. (El texto completo de Moleiro está en (http://www.talcualdigital.com/Nota/121061/6d-al-cierre-del-decimo?utm_source=hootsuite).

     ¿Cuál fue la reacción de Maduro tras la debacle electoral? De manera asombrosa, le reprochó a sus constituyentes que votaran por la oposición, pese a que hizo lo posible y lo imposible por corromperlos con regalos: viviendas, taxis, tabletas. 
     La oposición obtuvo 112 diputados, logrando la mayoría calificada en la Asamblea Nacional. En represalia, Maduro amenazó con reducir la construcción de viviendas. “Yo estaba con la meta de construir cuatro millones de viviendas, pero ahora no sé” pues, “te pedí el apoyo y no me lo diste”,  explicó a quien presumía era su clientela electoral . Hay que reconocerle algo: no usa subterfugios. Cree que los venezolanos constituyen un ejército de pedigüeños, y que a cambio de los regalos, deben entregarle sus votos. 
     Nadie que vivió en la Venezuela previa al chavismo puede entender cómo ese país, uno de los más democráticos y progresistas de América Latina se ha derrumbado no solo a nivel económico, sino moral, de esa manera. Tampoco nadie sabe qué puede ocurrir en los próximos años. La economía de Venezuela parece un enfermo en su etapa terminal. Maduro se niega a admitir la victoria de la oposición,  y rechaza toda posibilidad de diálogo. Inclusive ha dicho que piensa impedir la asunción de los diputados de la oposición el próximo cinco de enero. ¿Está acaso llamando a la guerra civil?
     Hacer un retrato de lo que es hoy Venezuela resulta difícil, no por escasez, sino por abundancia de datos. Pero una de las cosas más preocupantes es cómo el gobierno ha apañado todo tipo de violencia que le permite amedrentar a sectores que no comulgan con su credo –y que, por cierto, ahora son mayoría, al menos en votos. 
      “Las cosas en Venezuela”, vamos a repetir a Moleiro, “no solo están mal, sino que están peor de lo que el común de la gente piensa”. Basta ver un solo problema, bastante tóxico, y excesivamente letal: hay demasiadas armas en poder de indeseables, inclusive arsenales de guerra. Lejos de encubrir su existencia, los maleantes se sienten orgullosos de exhibir su poderío bélico. 
    The Financial Times divulgó el 30 de noviembre pasado una nota de su corresponsal Andres Schipani, con el título de “Venezuela: ´Ours is a nation of thugs,´” Venezuela, “La nuestra es una nación de malandros”. Schipani entrevistó a un señor llamado “Carlos”, habitante de La Acequia, un barrio situado en las colinas de Caracas, quien se aprestaba a concretar su jornada de trabajo: “cargar municiones, apilar granadas, almacenar chalecos antibalas y pasamontañas”. Tal como le explicó al corresponsal del matutino londinense, “Hoy tenemos un secuestro, por lo tanto, debemos estar preparados”.
      Carlos, un hombre de 28 años, trabaja con una banda de 80 hombres y tiene “un portafolio de intereses”, dijo Schipani, “desde secuestros y narcotráfico, hasta asesinatos. Y asegura que tiene un aliado poderoso: el gobierno venezolano”. Inclusive los rifles de asalto que exhibió el señor Carlos, “provienen de la Guardia Nacional Bolivariana”, según aseveró.
     De manera didáctica, y al parecer sin nerviosismo alguno, el señor Carlos dijo: “En ocasiones, la gente del gobierno nos envía a matar a alguien. Trabajamos en sociedad”. Pero ni siquiera un delincuente como el señor Carlos se siente cómodo con su tarea. “No deseo ver a mi país como esto”, confesó, “pero es así como se han dado las cosas. Nos hemos convertido en una nación de malandros”.
     Schipani, dijo que Venezuela descendió de manera “espectacular”, de “modelo de socialismo revolucionario a un estado de matones”.
     El corresponsal recordó también que “hace tres décadas, Venezuela se enorgullecía de uno de los estándares de vida más altos de América Latina. Hoy, después de 17 años de revolución, la mayoría de los pobladores no pueden encontrar papel higiénico en los comercios, aun cuando el país tiene reservas de crudo más grandes que las de Arabia Saudita”. 
     ¿Qué piensa hacer la oposición ante ese desafío concreto planteado por los malandros? ¿Decidirán que todo pase bajo la alfombra, como tantas otras cosas que parecen insolubles en Venezuela?
     La victoria de la oposición venezolana ha sido superior a la que todos esperaban. Pese a que todos los medios de comunicación oficiales les bloquearon el acceso, y transmitieron su mensaje de odio contra sus adversarios/enemigos veinticuatro horas por día, siete días a la semana, mes tras mes, año tras año, la MUD le propinó al gobierno un fenomenal revolcón. 
Quizás el error de ese gobierno plagado de errores que es el gobierno de Maduro fue tratar al pueblo como un menor de edad y nunca asumir la responsabilidad por sus desbarajustes. En realidad, se dedicó de manera sistemática a mentirle en la cara, diciendo que las colas eran un invento mediático de la oposición, o prometiendo un futuro que solo existió en el pasado. 
    El señor Maduro no sabía que las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre se convertirían en un plebiscito de su gestión administrativa. Despilfarró bravuconadas, agitó la bandera alterada genéticamente por Chávez, y que ahora cuenta con ocho estrellas, y un caballo blanco que enfila en sentido contrario al equino previo, prodigó miles de promesas y decenas de miles de amenazas, y su retórica de nada sirvió. 
     Venezuela parece secuestrada por los jefes del señor “Carlos”. Lo que no podía ocurrir en la nación sudamericana, ahora ocurre.  Además, ocurre de todo. Tal vez ha llegado el momento para que la oposición respire hondo, medite un poco, reduzca sus discursos al mínimo necesario, y en cambio prepare planes a fin de aliviar las penurias de millones de habitantes. Sí, como dice Alonso Moleiro, “Las cosas en Venezuela no sólo están mal, sino que están peor de lo que el común de la gente piensa”, hay mucho por hacer. Además, el gobierno sigue controlando la mayoría de los poderes del estado, y sabe cómo arrastrar los pies. Toda medida que pueda adoptar es impopular. Venezuela está asolada por una inflación superior al 200 por ciento, su moneda vale menos que el papel en que está impresa, solo puede importar una tercera parte de lo que importaba antes que viniera la debacle de los precios del crudo, y la carestía alcanza a todos los rubros esenciales. 
     Y son los pobres, no los ricos quienes más sufren en esta Revolución cada vez menos bonita. Un corresponsal de The Wall Street Journal dijo que residentes del popular barrio de Petare, en Caracas, le señalaron que “los pobres son los más castigados por la alta inflación, la escasez” de productos” y “por el crimen”. 
     Si alguien quiere analizar los métodos que tiene un gobierno para destruir un país, puede aprender mucho de la Revolución Bolivariana. Y verificar lo sencillo que resulta traicionar la voluntad popular y saquear las arcas del estado. 

miércoles, 8 de julio de 2015

Populismo, ridículo, impunidad y realismo mágico


Mario Szichman



El más famoso sketch del comediante español Miguel Gila Cuesta consistía en un monólogo telefónico donde consultaba a diferentes empleados sobre artículos de uso cotidiano. En cierta ocasión, la esposa (ficticia) del comediante le pedía que le comprara un brassiere. Gila formulaba el pedido a un empleado, quien no entendía la naturaleza del encargo. Entonces Gila le explicaba que un brassiere era similar a unas antiparras, “pero a lo bestia”. 
Siempre pensé que el chavismo era una especie de populismo, pero a lo bestia, y que la mayoría de nuestros regímenes autocráticos abreva gozosamente en todo aquello que se remonta a las primeras épocas del santoral cristiano, o a esas festividades paganas donde se celebran ritos de fertilidad. A eso se suma una generosa cuota de “chanterío”,  ridículo, y realismo mágico.
(“Chanterío” no es una palabra muy popular fuera del cono sur. Proviene de “chanta”, y describe a personas que abundan en mentiras, y suelen atribuirse inexistentes títulos universitarios o de nobleza).  
En fecha reciente, el periódico digital Tal Cual de Caracas informó que el gobierno venezolano comenzó a atribuirse la construcción de obras públicas concretadas durante administraciones anteriores.  Por ejemplo, “En el liceo Fermín Toro de Caracas, una institución fundada en 1936 y cuya sede actual en El Silencio data de 1946”, señaló el diario, hay una placa en la entrada, “fechada en 2006, que afirma que tal obra fue ´ejecutada´ por el gobierno de Hugo Chávez Frías”. La publicación dijo que “No hay aclaratoria de que tal placa se puso con motivo de una remodelación o rehabilitación”. Y dudamos que el gobierno aclare algún día el malentendido. En poco tiempo más,  el liceo Fermín Toro de Caracas formará parte de la herencia cultural legada por el comandante eterno. 
La mentira pasa desapercibida en el populismo, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada entre cuyos atributos principales figura la impunidad.
Supongamos que una persona visita una repartición pública y cuestiona lo afirmado en la placa que adorna el frente del liceo Fermín Toro. ¿Acaso un empleado se dignará recibir la queja; querrá un superior investigar la denuncia? ¿A cuenta de qué? Si en Venezuela actuasen las instituciones, ningún funcionario se atrevería a inscribir en el bronce un embuste tan flagrante.  Pero el populismo opera bajo el radar, y con la infalible presunción de que si se miente de manera constante, algo siempre queda. 
La propaganda antisemita se difundió en Alemania como el fuego en una pradera porque nunca intentó usar los habituales canales de transmisión. Utilizó la pornografía, la prensa sensacionalista, documentales improbables, para diseminar su prédica. 
Si se desea entender la eficacia de la propaganda chavista, y de otros regímenes autocráticos, basta hacer un análisis de la prensa chabacana, de los burdos programas de televisión, de los constantes insultos y calumnias contra el adversario. No se trata de enfrentar al antagonista con ideas superiores, sino de colocarlo en una situación de humillación, o en la categoría inventada por los nazis, la de los undermenschn, los seres inferiores.

BUSCANDO MODELOS

            Mallarmé decía que toda vida concluye en un libro. Creo que la cosa es al revés: cada libro (y cada guión) concluye en una vida. No podríamos entender los excesos de Stalin sin Memorias de una princesa rusa, a Cromwell sin Ricardo Tercero de Shakespeare, a la operática visión de Benito Mussolini sin la música de Giussepe Verdi, a Hitler sin las novelas de aventuras de Karl May.
Cada vez que pienso en la actual coyuntura de Venezuela me resulta imposible imaginar al presidente de Venezuela sin su precursor teatral, Ubu rey, una obra de Alfred Jarry estrenada a fines del siglo diecinueve en París. Ubu irrumpe en el escenario gritando “¡MIERDRA!” (Sí, con dos erres) y encarna, según algunos críticos, “todo lo grotesco e innoble del poder político y del gobierno”. Se trata de un capitán del ejército que por instigación de su esposa decide derrocar al rey de Polonia e instalar una feroz dictadura. Para eso sube los impuestos a la estratósfera, saquea las arcas del gobierno, y maneja el poder de la manera más corrupta posible.
El usurpador tiene grandes dimensiones físicas, y en su enorme panza muestra una espiral, pues dedica buena parte de sus jornadas a observarse el ombligo.
La agudeza de Jarry consistió en mostrar una nueva clase de tirano. Ubu no le teme al ridículo, desdeña el asco que inspira en sus súbditos. Y eso lo hace invencible. Al menos en el corto plazo.
Por esas extrañas disyuntivas de la historia, el chavismo persiste más de la cuenta porque Chávez ya no está. Es un fenómeno que trasciende el liderazgo de su figura emblemática, y como tal, resulta inédito en la política latinoamericana. 
El peronismo logró sobrevivir a Perón. Pese a sus tendencias autoritarias, no incurrió en años recientes en algunas prácticas del primer gobierno peronista (1946-1955). Por ejemplo,  se abstuvo, tras su primer intento, de reacomodar circunscripciones electorales para que una cantidad similar de votos del gobierno y de la oposición redituasen pingües ganancias exclusivamente al oficialismo.
La prensa ha sido hostigada en los gobiernos peronistas, especialmente durante la época de Néstor Kirchner, y de Cristina Fernández, pero no han existido clausuras o incendios de periódicos, o el uso de bandas armadas para apalear a la oposición. (Tampoco las fuerzas armadas pasaron a formar parte de la nomenclatura oficialista). 
El único propósito de un partido político o de un gobernante es perpetuarse en el poder. Y en ese sentido, el chavismo es más exitoso que cualquiera de sus presuntos aliados. Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, han sufrido contrastes electorales, o fuertes desafíos de sus adversarios. Es posible que prolonguen su mandato, pero difícil que consigan perpetuarse. El chavismo, en cambio, llegó para quedarse. La ausencia de liderazgo, lejos de crear un vacío de poder, ha fortalecido a su casual sucesor. 
Nicolás Maduro nunca pensó que era el hombre para el cargo. “Yo jamás en mi vida, nunca he aspirado a ningún cargo en la vida de nada. Junto al comandante Chávez, siempre soñé llegar a viejito al lado de él”, expresó en una ocasión. Y es arduo poner en duda esas palabras. 


Los políticos suelen ser bastante cínicos, al igual que los generales o los vicarios de Cristo. Y no lo digo de manera peyorativa. Personas que detentan cierta cuota de poder merodean de manera excesiva en torno a la miseria humana como para comer cuentos, o poseer un blando corazón. Maduro no es un cínico, y tiene una virtud casi alucinatoria: su gran ingenuidad.
No puedo imaginar un solo dirigente, ni siquiera el más ardiente de los populistas, que enuncie estas palabras: “De repente entró un pajarito, chiquitico, y me dio tres vueltas acá arriba (…) Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue. Yo sentí el espíritu de él (de Chávez)”. Esas palabras fueron proferidas por Maduro. Y con total convicción. ¿Alguien imagina que otro jefe de estado o de gobierno diga algo similar y continúe un día más en el poder? Es cierto que frases similares suelen ser oídas, pero no en una transmisión en cadena nacional de radio y televisión, sino en ciertos establecimientos  donde muchos desdichados intentan apaciguar sus problemas mentales con ayuda de especialistas. Algunos afortunados, tras una serie de tratamientos, consiguen abandonar esos lugares. Pero apenas incurren en otra conversación con el pajarito, vuelven al sitio de reclusión y visten nuevamente una especie de manto talar cuyas mangas son cruzadas sobre el estómago, y se prolongan en lazos que ciñen el cuerpo humano como si fuese un matambre.

LAS ILUSIONES PERDIDAS

Para muchos resulta incomprensible la presencia de Maduro en el Palacio de Miraflores. Pero la explicación es lógica. Maduro no necesita gobernar. En realidad, si se revisan los periódicos venezolanos o el material difundido por las agencias noticiosas, la conclusión es que nadie gobierna en Venezuela. Dictar leyes a troche y moche no es gobernar. En cambio hundir un país es un juego de niños. Cualquiera puede hacerlo. Pero, si la única intención, además de hundirlo, es conservar el poder, las autoridades de Caracas no tienen otra alternativa.
Basta revisar los últimos siglos de historia venezolana para verificar que sabios conocedores de la especie humana, a partir de Simón Bolívar, perdieron el poder de manera ignominiosa. En cambio Maduro persiste, y se afianza en su cargo. Por lo tanto, no es atinado menospreciarlo. Muchos se preguntan si Chávez hubiera podido enfrentar el colapso de Venezuela mostrando el aplomo exhibido por Maduro. Es improbable. En una situación similar hubiera optado entre dos vías: negociar algún tipo de arreglo con la oposición, a fin de que todos se hundieran en el mismo bote, o convertirse en dictador y echar la culpa a la oposición por el hundimiento del bote.
Maduro es el genio político del populismo latinoamericano porque todo le resbala. Inclusive le cuesta ofenderse. Solo se ofende si alguien se lo ordena.  Los críticos aluden a esas coquetas ojeras que ya le están llegando al pecho. Pero ¿son acaso producto de su preocupación o del maquillaje? Maduro vive en su propia realidad y está blindado contra el mundo exterior.
Hugo Chávez era mucho más avezado que Maduro, y ni una sola de sus medidas económicas le sirvió para conducir a Venezuela por un destino de grandeza. Tuvo un tesoro a su disposición, y lo dilapidó a la buena de Dios. Necesitaba hacer regalos a todo el mundo para ser amado.
Maduro ha cesado de hacer regalos, los pedigüeños de ayer lo observan ahora como si vieran llover, y sin embargo, continúa en su tarea, que consiste en retener a toda costa la banda presidencial. Esa fe casi psicótica en su gestión, no de líder, sino de heredero, lo hace avanzar imperturbable, sin mirar ni a derecha ni a izquierda.

Si mañana el ave canora que habita el espíritu de Chávez le sopla al oído que debe caminar sobre las aguas, Maduro caminará sobre las aguas, sin dudar un momento de la pureza de su misión y, más transcendental aún, sin ahogarse.   

domingo, 31 de mayo de 2015

¿Puede un gobierno impedir los trastornos mentales?

Mario Szichman

Crecí en Buenos Aires, una ciudad donde abundan los psicoanalistas.  Inclusive hay un área conocida como “Villa Freud”, por la cantidad de terapeutas que habitan la zona. Es muy difícil que alguien en Buenos Aires ignore lo que es una “madre esquizofrenizante”, o la teoría del doble vínculo.
Una madre esquizofrenizante es la mejor propagandista de la teoría del doble vínculo, que consiste en emitir mensajes contradictorios. El término fue acuñado por el antropólogo Gregory Bateson.  
Tal vez la obra más famosa de la narrativa norteamericana que lidia con el doble vínculo es Catch–22 de Joseph Heller. La novela transcurre durante la segunda guerra mundial, y su improbable héroe es Yossarian, un soldado aterrado por la posibilidad de morir en combate. Cuando le expresa a uno de sus camaradas que todos los enemigos se han puesto de acuerdo para asesinarlo, el interlocutor le dice que esa sospecha es producto de su paranoia. “En realidad, el enemigo no te quiere asesinar a ti, sino a todos nosotros”, le explica su camarada para tranquilizarlo. La invariable respuesta de Yossarian es: “¿Y cuál es la diferencia?”
En la novela, el más articulado expositor de Catch–22 o de la teoría del doble vínculo es Doc Daneeka, un psiquiátra del ejército. Cada vez que algún piloto de combate solicita que le hagan una evaluación de su estado de salud mental, con la esperanza de demostrar que está incapacitado para volar, el doctor Daneeka le demuestra que está perfectamente sano. Solo los dementes aceptan sin vacilación alguna volar misiones peligrosas.  
Todo gobierno, sin importar su alcurnia, siempre intentará hacer pasar gato por liebre. Posiblemente los gobiernos de Washington se destacan a la hora del double talk, que consiste en hablar al mismo tiempo por ambos costados de la boca. (Eso se extiende a todas las corporaciones del país, y especialmente a las especializadas en la fabricación de medicamentos).  
El Concejo Nacional de Maestros de Inglés, con sede en Urbana, Illinois, otorga anualmente The Doublespeak Awards a instituciones y funcionarios que mienten sin mentir, usufructuando una confusa asociación de palabras. En cierta ocasión, los galardones fueron otorgados a una línea aérea que definió el estrellamiento de un avión como “un contacto descontrolado contra el suelo”,  a un hospital que describió la muerte de un paciente como “un percance de diagnóstico de elevada magnitud”, y al senador Orrin Hatch, quien dijo que “la pena de muerte es el reconocimiento que hace nuestra sociedad a la santidad de la vida”.
       En su Dictionary of Euphemisms and Other Double Talk, Hugh Rawson ofreció buenos ejemplos de cómo la inflación de términos en el ámbito militar es correlativa a una deflación o encubrimiento del sentido. Es el caso de executive action (el término probable sería “hecho consumado”)  “un eufemismo empleado por la CIA”, dice Rawson, “para sacarse de encima a personas, especialmente líderes de otras naciones”.
         En la nomenclatura militar los pertrechos de guerra atacan dos clases de objetivos, hard, duros, y soft, blandos. Los objetivos duros son ladrillos, concreto o acero. Los objetivos blandos son aquellos constituidos por carnes y huesos, esto es, seres humanos. De ahí que el napalm, una bomba incendiaria, dice Rawson, haya sido rebautizado como soft ordnance, pertrecho de guerra para objetivos blandos.
          En otros casos, los eufemismos pueden ser demoledores. Las retiradas militares suelen ser definidas como retrograde manoeuver, maniobras de retroceso –se supone que rigurosamente ordenadas. La frase, dice Rawson, surgió en 1975, cuando el entonces presidente de Vietnam del Sur Nguyen Van Thieu decidió retirar sus tropas de varias provincias, ante la embestida del Vietcong. La maniobra de retroceso de Thieu prosiguió hasta que logró maniobrar para ceder el poder, y exiliarse en Estados Unidos.
La confusión mental es uno de los problemas más graves que enfrenta una persona en cualquier sociedad. A eso le sigue el paulatino olvido de las nociones más elementales, como preludio a un cuadro clínico devastador. Eso no le ocurre jamás a un venezolano. Ya el hecho de contar con una tasa de dólar oficial, y varias tasas que abarcan una amplia gama de predilecciones, convierten su cerebro en algo más afinado que un violín bien templado.
Hace algunos días, el Miami Herald publicó una nota insinuando que Transparencia Internacional había pasado a la clandestinidad en Venezuela. El gobierno, y sus agencias, también han optado por una transparencia del color de la tinta china. Eso evita que los funcionarios mientan, algo que es poco fotogénico, basta ver cómo le creció la nariz a Pinocho, o digan la verdad, con resultados aún más devastadores.
El diario dijo que una especie de sudario cubre hasta la información más elemental. El gobierno no divulga cifras sobre la tasa anual de inflación, las muertes en las carreteras, los gastos en materia de turismo o los índices de aborto espontáneo. Ahí está el ejemplo de Deivis Ramírez, un reportero policial que visita de manera cotidiana la morgue de Caracas para descubrir cuantas personas han sido asesinadas en la capital en el curso de una semana o de un mes.  
Obtener datos de funcionarios que están siempre ocupados o escondidos en el baño es harto difícil. “Es como un parto cotidiano”, dijo Ramírez al diario. “Las estadísticas de crímenes son las más difíciles de obtener”.  

En ocasiones, los malabaristas del gobierno ni siquiera necesitan mentir para desalentar la verdad. Ramírez dijo al diario que ahora, cada vez que una persona es baleada por la policía, el episodio no es clasificado como un “homicidio”, sino como “resistencia a la autoridad”. Uno de los casos más famosos de resistencia a la autoridad es el de José Miguel Odreman, líder del colectivo chavista 5 de marzo. El 7 de octubre de 2014, en un video captado por las cámaras de Televen, Odreman responsabilizó al entonces ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, por cualquier cosa que le pudiera ocurrir. Poco después, Odreman fue muerto de 32 balazos por funcionarios policiales. El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas informó que Odreman “Era el jefe de una banda delictiva de ex policías implicada en múltiples homicidios”.
Minutos después, algunos “twiteros” divulgaron fotografías donde Odreman aparecía junto a importantes figuras del chavismo, desde su líder, Hugo Chávez Frías, hasta Cilia Flores, la primera dama del país.
Casi un día más tarde, el presidente Nicolás Maduro ordenó investigar “los extraños sucesos” en los que murieron cinco personas, entre ellos Odreman, en el tiroteo entre activistas de los colectivos y funcionarios del CICPC. Y así, puso punto final  a toda investigación.
Es probable que acatando las normas de las autoridades, Odreman debería ingresar en el casillero de “resistencia a la autoridad”. Pero, como la teoría del doble vínculo también funciona en Venezuela, no sería desatinado suponer que es considerado un mártir por las autoridades.
En otros casos, muchos “asesinatos indiscutibles”, señaló el periódico, son engavetados en un archivo con el rótulo “bajo investigación”. Y de allí, pasan a navegar el Triángulo de las Bermudas. 
Aunque la Constitución de Venezuela garantiza el acceso público a toda la información gubernamental (también la Constitución de Corea del Norte) del dicho al hecho hay un largo trecho. A cada rato el presidente Nicolás Maduro exige a la prensa “decir la verdad” sobre su gobierno, recordó The Miami Herald. Pero, sin estadísticas oficiales, es muy difícil opinar.
Ahí está el caso del gobernador opositor Henrique Capriles, quien aseguró que la inflación durante los cuatro primeros meses de 2015 se había acercado al 50 por ciento. El año pasado, la inflación anual en Venezuela fue del 68,5 por ciento, la mayor del hemisferio. Y si las cosas siguen así, seguramente será la mayor del mundo antes de concluir el 2015. (Todavía hay que determinar qué ocurrirá en Siria). Pero ¿son ciertas las cifras mencionadas por Capriles? Después de todo, es un opositor, no un funcionario del gobierno. Puede ofrecer la cifra que se le antoje. No hay manera de corroborarla, pues el Banco Central mantiene su mutismo desde el inicio del año.
Carlos Correa, director de Espacio Abierto, recordó que el Banco Central solía publicar cifras de la inflación “de manera religiosa en los primeros días de cada mes”. Ahora, dijo Correa, "no están publicando información alguna”.
Los funcionarios del Banco Central podrían ganar el concurso mundial de escamoteo de información. Cuando comenzaron a escasear productos de primera necesidad en el 2014, la institución, una dependencia más del poder central, cesó de publicar su “índice de escasez”. Durante años, eso formó parte de su información regular. 
The Miami Herald dijo que el gobierno chavista tiene una increíble capacidad para ocultar malas noticias. “En el 2003, cuando la tasa de asesinatos y crímenes comenzó a subir”, indicó la publicación, “el gobierno cerró la oficina de prensa de la policía encargada de proporcionar datos de manera regular”. Eso ocurrió en los comienzos de la administración de Hugo Chávez Frías, quien siempre mostró gran timidez a la hora de divulgar cualquier noticia que pusiera en duda los logros de la Revolución Bonita.
No importa si la información es peligrosa para el gobierno o totalmente inocua. Por ejemplo, en el 2014, la organización Espacio Público solicitó referencias sobre 10 cuestiones que no eran de vida o muerte. Por ejemplo, ¿cuánto pagó la emisora clandestina Telesur para que el ex futbolista argentino Diego Maradona emitiera sus filosóficos comentarios sobre la Copa Mundial de Fútbol? Hay dos posibilidades: o Maradona cobró un bojote de dinero, y en estos tiempos mencionar salarios altos es peor que mentar la soga en casa de ahorcado, o el ex futbolista trabajó gratis, y es demasiado humilde para revelar su aporte a la causa. Las dos posibilidades existen, pero no se ha formulado respuesta alguna. Tampoco el Fondo Nacional de Desarrollo, FONDEN, quiso notificar cuánto dinero hay en sus arcas.
En otra ocasión, Espacio Público pidió a un tribunal que informara qué pasos había adoptado el ministerio de Salud Pública tras revelarse que medicina importada de Cuba se había perdido o había pasado su fecha de vencimiento. La Cámara Político Administrativa de la Corte Suprema calificó la solicitud de “una amenaza a la eficiencia y eficacia de la administración pública”.  
A comienzos de mayo, el Bank of America dijo que “la economía de Venezuela representa un formidable desafío para los investigadores. Datos sobre indicadores claves requeridos para evaluar una razonable actividad fiscal o externa son imposibles de obtener. En otras ocasiones, los informes son ofrecidos tras graves demoras”.
En diciembre pasado, el ministerio de Comunicación e Información cesó de comunicar y de informar a muchos corresponsales extranjeros. Aunque las notas que envía el ministerio son simples press releases, sin el menor valor informativo, algún funcionario temió que un corresponsal pudiese leer entre líneas. Sin información alguna, ese peligro quedaba cancelado. Y la excusa, como podrá adivinar el lector, era que había “problemas con las computadoras” y era imposible enviar la información por correo electrónico. “Cuatro meses más tarde”, indicó The Miami Herald, “el problema aún no había sido solucionado”.
Mercedes De Freitas, directora de Transparency International en Venezuela, emergió brevemente de la clandestinidad para explicar que “La opacidad es la ley, y la política cotidiana” del gobierno chavista. “Lo insólito es poseer información completa y pública”. Una de las virtudes de ese enfoque es que “resulta imposible averiguar a qué se destinan los gastos públicos”, dijo De Freitas. 
El diario señaló que “la mezcla de falta de información y de impunidad, ha hecho que Venezuela se halle ubicada en el puesto 161º del Índice de Percepción de la Corrupción” elaborado anualmente por Transparency International. Venezuela está a 11 puestos del fondo de la olla, en un empate cabeza a cabeza con Haití y con Yemen. Recordemos que Haití es el país más pobre del Hemisferio Occidental, y que Yemen está hundido en una catastrófica guerra civil. De todas maneras, algo bueno ha conseguido el chavismo ocultando información: mantener la mente del venezolano tan afilada como el escalpelo de un cirujano.
En otros países, las personas usan calculadoras para realizar las operaciones aritméticas más elementales. Un venezolano, sin importar su edad, le resolverá hasta la raíz cuadrada de la diferencia entre el dólar oficial y el paralelo, y cuánto debe pagar de propina al bachaquero que le consiguió un neumático en San Cristóbal. Y eso, mientras observa con uno de sus ojos el grupo de motorizados que está inspeccionando el capot de su carro, y con el otro a las fuerzas que intentan imponer el orden tras volcar una gandola cargada con bolsas de harina Pan. Todo eso, en milésimas de segundo, sin gesticular, o hacer un solo movimiento innecesario.
Y a fin de cuentas, ¿para qué sirven las estadísticas? Solo para amargar la vida. El ser humano disfruta de una sola existencia. No tiene un botón que pueda oprimir a fin de lograr una segunda oportunidad. Por lo tanto, durante su efímero paso por la tierra, debe abandonar toda aflicción, y disfrutar cada jornada al máximo, como si fuera el último de su vida. (Algo que ocurre anualmente con al menos 24.000 de sus compatriotas).
El buen soldado Schweik nunca se sintió afectado por las estadísticas. Por el contrario, las adoraba. “Me encantan las estadísticas”, decía, “porque en primer lugar son muy precisas. En segundo lugar, ofrecen pormenores muy detallados. Y en tercer lugar, aunque siempre mienten, es lo único que tenemos”.





martes, 20 de agosto de 2013

El chavismo exalta a sus figuras más prominentes





Mario Szichman

 
“Hoy hay millones y millonas de Bolívar”
Nicolás Maduro, autoproclamado presidente de Venezuela

(Una versión más corta de este texto fue publicada por el diario Tal Cual con el título La cruzada cultural chavista pica y se extiende, y firmada con el seudónimo de Harry Blackmouth)

     Un fantasma recorre Venezuela: el fantasma de los Institutos de Altos Estudios para analizar el pensamiento de los próceres del chavismo. Todas las fuerzas de la vieja Venezuela se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma. Pero será en vano.
     Tal como lo anunció la Gaceta Oficial Nº 40.216 del 29 de julio de 2013, mediante el decreto Nº 255 se autoriza la creación de una Fundación del Estado que se denominará “Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías”. La fundación estará adscripta al Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno. Y el ciudadano Adán Chávez Frías será el Presidente Encargado de la Fundación.
    Todos conocen las credenciales intelectuales del fallecido presidente venezolano. Y es difícil que un solitario Instituto de Altos Estudios logre estudiar a cabalidad su trayectoria. (Antes de fallecer, se le consultó al primer magistrado sobre el nombre del plantel. Había unanimidad en designarlo: “Academias de Altísimos Estudios para estudiar los Polifacéticos Pensamientos del Comandante Supremo”, pero éste se negó, en otra demostración de su indoblegable modestia).
     ¿Alcanzará una sola academia para analizar ese manuscrito tan especial encerrado en una urna de cristal, en la sala central del Museo de la Regeneración Nacional? Muchos consideran ese códice la biblia criolla. También es el secreto mejor guardado. Sabemos, porque así informó el líder máximo, que consta de apenas 96 páginas. Algunos dicen que allí se narran las hazañas que transformaron a Venezuela en un ejemplo para el mundo. Otros, en cambio, aseguran que se trata de un texto cifrado, donde está destilado todo el saber del mundo. La fórmula matemática de la elipse, que permitió a Newton calcular que la fuerza de atracción de los planetas hacia el sol era recíproca a la raíz cuadrada de la distancia desde el astro rey, habría sido mejorada de puño y letra del líder máximo. Y los cómputos egipcios para construir la pirámide de Keops habrían sido compendiados al punto que consiguieron acelerar la construcción de viviendas a un promedio de cuarenta y cinco minutos por unidad y redujeron a cero los apagones de luz.  

LA PURIFICACIÓN DEL LENGUAJE

   Tampoco se puede olvidar la derogación del insulto en territorio venezolano (Gaceta Oficial Nº 12. 0022 del 17 de diciembre de 2004, decreto Nº 124) a través de la creación de una Fundación del Estado denominada “Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías Para Abolir Frases Soeces”.
     Criado en los llanos de Venezuela, en un hogar como los de antes, el líder máximo siempre fue conocido por su repudio a toda expresión vejatoria. Quienes sirvieron en las filas de la Revolución Bonita coinciden en su pulcro lenguaje. Apenas si se le escapó alguna vez un “¡Pardiez!” o  un “¡Voto a bríos!” en momentos de comprensible frustración. Y cuando eso ocurría, el insigne se ponía como penitencia el cilicio, y se flagelaba, para hacerse perdonar por ese pecado que otros consideran venial.
     Luego realizó esa inmensa tarea de purificación moral que fue la abolición de las tabernas, antros de perdición, principales usinas de promoción de insultos. Tal vez no muchos recuerden esa medida, pues ocurrió en la misma semana en que nuestro líder máximo decidió abrir un túnel entre el litoral marítimo y la capital, una monumental obra de ingeniería que ha sido comparada con la erección de la gran pirámide de Giza.
    “Como diría el inmortal Rafael Espíndola”, me señaló el líder máximo en esa semana, tan decisiva como todas las semanas de su ejemplar gobierno, “las expresiones soeces, los vocablos descompuestos, los durísimos reproches y amenazas, sólo se pronuncian en las tabernas. ¿Y hacia quienes se dirigen esos agravios? Hacia los hijos de esos seres perturbados por el alcohol. Así responden los borrachos a las súplicas y palabras de resignación de esos inocentes. ¡Los niños tienen hambre y el beodo se enfurece porque no han comido!”
Tuve ocasión de visitar con el líder máximo esos tugurios del vicio, donde la brutalidad y el insulto sustituían a las razones.
Munido de un poderoso altavoz, el prócer venezolano gritaba a los tambaleantes transeúntes: “¡Oh, almas envilecidas, en vuestros rostros observo la obra del vicio! ¡No os contentáis, verdugos implacables del hogar, con ser criminales con vosotros, sino que lo sois con los demás!”
   De repente, reinó el silencio en la calle. Cesó la pecaminosa música en los antros de la desgracia, y de su interior fluyeron las almas atribuladas por el alcohol. Una multitud rodeó al líder máximo con expresión compungida. Algunos se pusieron de rodillas, para orar. Otros alzaron la mirada al cielo, pidiendo disculpas al Señor.
Muchos se persignaron ante el líder máximo. Otros, solicitaron su perdón, y prometieron que de ahí en adelante sólo beberían agua de prístinos torrentes, especialmente del río Guaire. Y cumplieron con su palabra.
   Esa madrugada, nuestro líder máximo abolió de un solo plumazo las tabernas, y por ende los insultos, aunque todavía perduran expresiones soeces y vocablos descompuestos en esa poceta que es hoy la Asamblea Nacional. Pero todos bien saben que el desenfreno en ese sagrado recinto legislativo es obra exclusiva de la derecha fascista.

PÁGINAS INOLVIDABLES

    Aunque los logros del Inmortal son imposibles de reseñar en este breve recuento, querríamos recordar su producción literaria.
¿Cuántos intelectuales serán necesarios para analizar Los Cuentos de la Revolución Bonita (Editorial El rojo amanecer) donde se recrean relatos infantiles con una visión progresista? ¿Bastarán acaso las acuciosas mentes de Luis Alberto Crespo y de Luis Britto García para examinar los cuentos La caperucita roja rojita o ese modelo de cooperación comunitaria intitulado Los tres cerditos salvados por la Misión Vivienda? Nadie duda de la sagacidad de esos intelectuales. Pero ¿lograrán adentrarse en la sutileza de la trama, desentrañar los múltiples matices de una prosa que irradia sapiencia?
    La deconstrucción del cuento titulado inicialmente La caperucita roja es tan sagaz que habría que crear una Academia solamente para destacar al menos 33 de sus 85 acepciones. (Algunos hablan de 121 significados diferentes). ¿Qué pueden aprender las nuevas generaciones de la versión original? Que una niña tonta se desplaza por el bosque, rumbo a la casa de su abuelita, en el camino tropieza con un lobo, el lobo se come a la abuelita, se viste con las ropas de la anciana en un acto de impúdico travestismo, y luego intenta cometer estupro con la niña. 
    Pero La caperucita roja rojita transforma totalmente las premisas del relato inaugural. En primer lugar, la protagonista no se desplaza por el bosque, sino que se zambulle en el mar de la felicidad, a fin de llegar nadando a la tierra prometida. Cerca de un islote es interceptada por la cañonera El Lobo, que transporta misiles teleguiados para atacar nuestras costas. La caperucita es llevada a bordo de la cañonera, y el capitán le explica que acaba de devorarse a la abuelita de la niña, y hará lo mismo con ella si no cede a sus urgencias sexuales. La caperucita simula aceptar las brutales exigencias del capitán, y cuando éste menos se lo espera, la niña lo reduce a la impotencia usando las armas de la dialéctica. “Yo soy la tesis”, piensa la niña, “y ese bruto es la antítesis. Debo encontrar la síntesis”. Y la caperucita encuentra la síntesis en un pequeño bisturí que guarda dentro de su gorra de baño. Pero ¿cómo obtener ese bisturí? “Mi tesis debe ser la siguiente” piensa la caperucita: “Debo informarle al capitán que necesito quitarme la gorra de baño para que mis cabellos caigan en desorden sobre mi espalda, y así pueda acentuar el elemento erótico. Ante esa tesis, el libidinoso capitán mostrará su antítesis, que por cierto es monstruosa y ladeada a un costado. Y la síntesis consistirá en acabar con su antítesis”. Sin vacilar un momento, y mientras el capitán observa embobado sus encantos, la caperucita saca el bisturí de su gorra roja. De un tajo acaba con la antítesis del capitán, y con otro tajo le hace una operación cesárea, extrayendo de su vientre a su adorada abuelita. Luego, la caperucita obliga a rendirse a la tripulación enemiga, y la cañonera, rebautizada Invencible, pasa a custodiar nuestras costas disuadiendo a los sifrinos de la idea de invasión. 

¿QUÉ HARÁN LOS OTROS LÍDERES CHAVISTAS?

     La única incógnita que persiste es si la creación del Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Líder Máximo no promoverá generosas emulaciones. Por allí anda circulando una monografía del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello titulada De los cabillazos en relación al inconsciente colectivo. Tampoco hay que descuidar el tratado filosófico que está escribiendo el primer magistrado de la Nación, y que ha titulado provisoriamente: Chávez nos ordenó el cerebro a todos.
     Se conocen los fragmentos de algunos capítulos. Por ejemplo, en uno de ellos, se brinda la hora exacta en que Chávez se convirtió en ave canora. ¿Quién puede mantenerse impertérrito ante esta bella semblanza elaborada por Nicolás Maduro tras irse a reflexionar al Cuartel de la Montaña, junto al sarcófago del gobernante eterno? : “El pajarito me vio raro, silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue y yo sentí el espíritu de él”. ¿O ese episodio en que el extinto presidente se puso a la par de Jesús, y gracias a su influencia logró que eligieran a un Papa argentino[i]?
     Maduro también alienta el proyecto de rediseñar la geografía de Venezuela, tal como lo explicitó en uno de sus discursos, cuando aludió a Barcelona, Cumaná, Margarita y Monagas como “los estados orientales de la nación”.[ii]
     Y hablando de las millonas de Bolívar ¿qué lugar reservará el chavismo a tantas mujeres que han contribuido de manera tan decisiva a convertir a Venezuela en un país que causa estupor a nivel mundial? Sabemos que la primera combatienta es además una excelsa poetisa. ¿Cuándo divulgará los frutos de su ingenio? Y no olvidemos las juezas, las ministras, las banqueras y las maridas de importantes funcionarios que tantos aportes han hecho a la buena marcha de la administración pública.
    Estamos seguros que en los próximos años, muchas obras surgirán de esos cerebros. Manuales, tratados, compendios, serán estudiados por aquellos y aquellas  que desean perpetuar la Revolución Bonita. ¿Y qué acontecerá con el nuevo género literario, la leyenda del magnicidio? ¿Por qué si se lo estudia en Cuba, en Corea del Norte y en Zimbabue, no se puede estudiar en el país donde se descubre un complot cada 48 horas? ¿No convendría crear Institutos de Altos Estudios para analizar las reflexiones de Mario Silva, de José Vicente Rangel, del ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres?
     Bueno, al menos por ahora, deberemos conformarnos con el “Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías”. Pero no será por mucho tiempo. Las masas reclaman conocer el pensamiento de sus prohombres y prohombras. Y el gobierno, estamos seguros, no dudará un solo momento en complacer esos reclamos.



           




[i] “Nosotros sabemos que nuestro comandante ascendió hacia esas alturas y está frente a frente a Cristo, alguna cosa influyó para que se convoque a un papa suramericano, alguna mano nueva llegó y Cristo le dijo bueno llegó la hora de América del Sur, así nos parece”. Declaraciones de Maduro en un programa de televisión.
[ii] Barcelona es la capital del estado Anzoátegui. Margarita es una isla situada en el estado Nueva Esparta. Cumaná es la capital del estado Sucre.